Opinión

Dialogar, negociar o someter

 
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Vicente Fox

Presidente Peña Nieto, ojalá usted, una vez que termine su sexenio, no sienta la necesidad de hacer recomendaciones públicas a los futuros presidentes, sobre problemas que usted no pudo resolver durante su administración. Esta enfermedad de “recomenditis de exejecutivitis” es un problema que afecta a exmandatarios alrededor del mundo. Lo hemos visto con Ernesto Zedillo, César Gaviria y Enrique Cardoso con su cruzada de despenalizar drogas prohibidas, argumentando que la guerra en contra del narco ya se perdió. Lo que deberían haber dicho es que: “cuando éramos mandatarios no pudimos en contra del crimen organizado, por lo tanto si nosotros fracasamos, todos seguramente fracasarán”.

Esta seman el expresidente Vicente Fox Quesada tuvo de nuevo un fuerte ataque de “recomenditis de exejecutivitis”, no sólo criticando de nuevo la actual estrategia del gobierno federal en contra del crimen organizado, además propuso de nuevo un diálogo con los criminales, alegando que la actual estrategia está fallando. El exmandatario insiste en que “hay que mejorar la estrategia, tiene que ser de gran inteligencia y buscar terminar la violencia sin provocar violencia”. Fox admitió: “inclusive he llegado a mencionar que se puede dialogar hasta con los criminales, todo ser humano es rescatable, todo ser humano merece una segunda oportunidad”. O sea hay que entregar el changarro. ¡Oh Dios!

Lo que debería haber dicho el expresidente Fox es: “como mandatario me rehusé a tomar los pasos básicos para prevenir que el crimen organizado tomara control sobre varios regiones enteras del país. Entonces la solución es negociar, no someternos”. Les permito especular porque el expresidente Fox literalmente salió en defensa de los pobres y mal entendidos criminales. Comentó que las personas que optaron por ingresar a las filas del crimen organizado es porque no tuvieron la oportunidad de “participar en la música, de tener un empleo, de tener un ingreso para sostener a su familia, de tener un espacio en la universidad”. Un poco de Bach para resolver el problema de violencia en el país. Por último, sentenció que de no proveer este mínimo de oportunidades “a todo mundo en México”, se seguirá con esta confrontación. Espero que Fox entienda que aunque resolver la iniquidad en México debería de ser la prioridad, esto es un reto a largo plazo. Por lo tanto, ¿México está destinado a tener que “dialogar” con el crimen organizado hasta que se resuelva?

En 2010 cuando la “guerra” de Felipe Calderón estaba en su peor momento, se escuchaban comentarios como “antes se controlaba la violencia negociando”.

“Así se hacía cuando el PRI estaba en el poder, por eso no había tanta violencia”, argumentan esas mismas voces con añoranza de los viejos tiempos. Era un mensaje subliminal de que el PRI sabía controlar a los violentos.

Negociando, se termina el problema

Hay varios problemas fundamentales con esta propuesta de solución a la violencia. En primer lugar el que un grupo de criminales acuerden no ejercer violencia en contra de la población civil a cambio de que ellos puedan continuar con sus actividades delictivas no es una negociación, es el sometimiento del Estado ante la incapacidad o corrupción de sus gobernantes.

Pero supongamos que llegase el momento en que el Estado, reconociendo su incapacidad de someter a los delincuentes, decidiese negociar con los diferentes cárteles. ¿Cómo asegurar que los capos respetarían lo acordado y no dañar a la sociedad civil? Si la negociación se lleva a cabo debido a la incapacidad del Estado de perseguirlos y controlarlos, entonces, ¿cómo someter a estos criminales si incumplen con lo acordado? En el México del pasado, el gobierno tenía absoluto control y monopolio sobre la violencia, y los que osaban retar u oponerse a los designios del presidente o el gobernador eran sometidos a la fuerza, sin ninguna preocupación por los derechos humanos y por el Estado de derecho. Esos eran otros tiempos, y otros tipos de criminales. Hoy resolver la violencia con una guerra sucia en contra del narco parecería ser un solución riesgosa ante la posibilidad de que un presidente, gobernador o general sean sometidos a la justicia años más tarde.

Valdría la pena analizar la “política de sometimiento” de los 90 que se implementó con resultados mixtos en Colombia. El gobierno puso en funcionamiento una ley donde se les ofreció a los capos del narcotráfico de esa época la opción de entregarse a la justicia, confesar todos sus delitos, entregar sus bienes, y colaborar con las autoridades a cambio de una reducción hasta la mitad de la pena y la no extradición a Estados Unidos.

Aunque algunos narcotraficantes sí se entregaron, hubo, como en todo, abusos y corrupción. Para algunos capos fue una forma de limpiar su nombre, cumplir penas reducidas y proteger a sus familias de investigaciones penales. También en Colombia hubo un proceso de desmovilización de paramilitares y guerrilleros que han tenido resultados mixtos. De hecho, por no cumplir con los acuerdos varios paramilitares desmovilizados fueron extraditados a Estados Unidos. Pero este proceso de desmovilización sí se tradujo en la pacificación de algunas regiones y ciudades colombianas, incluyendo Medellín.

Estos son ejemplos de cómo se puede negociar con delincuentes, pero las premisas tienen que ser que exista un sistema de justicia penal suficientemente sólido que pueda perseguirlos y someterlos si no cumplen con lo acordado. De lo contrario, estaríamos hablando no de una negociación, sino del sometimiento del Estado ante el narco.

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@Amsalazar

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