Opinión

Deudas

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Grecia (Bloomberg/Archivo)

El caso de Grecia vuelve a llamar la atención a un problema mundial, la deuda. Las deudas existen porque hay personas que prefieren tener el dinero hoy, a cambio de pagar más mañana, mientras que hay otras que están dispuestas a esperar ese mañana, a cambio de esos pagos adicionales.

Este cambio de valor del dinero en el tiempo ha sido un problema serio para las religiones del Libro, porque asimilaban ese crecimiento a un fenómeno de reproducción, como si el dinero tuviese vida, algo inaceptable. Por eso lo han prohibido cada vez que pueden. Marx tenía una interpretación parecida, por cierto.

Quien presta a cambio de interés, en esa visión, es maligno, y por consecuencia quien pide prestado es automáticamente una víctima. Y por eso así aparecen en cuentos y novelas, en pinturas, y más recientemente en películas y medios de comunicación. La pobre viejecita que no tiene para comer y empeña sus últimos bienes, por ejemplo. Aunque esos casos existen, y son parte de la gran tragedia humana, la mayor parte del mercado de deuda no tiene nada que ver con eso. Tiene que ver con usted, que quiere comprar un auto pero no le alcanza, o quiere aprovechar para tener un departamento mayor, o una casa, mientras sus hijos crecen, y no cuando ya se hayan ido.

Para que usted pueda hacer eso, se requiere que alguien más esté dispuesto a prestar, y eso sólo ocurrirá a cambio de una ganancia, la tasa de interés. Y ese usurero maligno tampoco es frecuente. Lo que hay es una organización que junta ahorros de muchas personas para que el monto que usted requiere esté disponible. Por hacer ese trabajo, se lleva una ganancia. Como todo lo que hacen los humanos, hay espacio para abusos, engaños, trampas, fraudes, y lo que usted guste. Lo mismo que cuando se compra un auto usado, o se vota por un candidato: no hay información completa, y decide uno como puede.

Pero el problema de deuda que tenemos hoy no responde ni al usurero maligno de los cuentos, ni al crédito hipotecario de usted. El problema es que hubo alguien que empezó a pedir prestado porque no le alcanzaba para sus gastos, pensando que en el futuro podría producir más y pagar. Pero eso no ha pasado, y cada vez tiene que pedir más. Se trata del gobierno. No me refiero al nuestro, sino a todos los gobiernos.

Durante el siglo XX, especialmente después de la II Guerra, se nos ocurrió que el Estado debía hacerse responsable de la felicidad de su población. Al menos, de que todos tuviesen acceso a educación, salud, y a pensión cuando se retiraran. En algunas partes, a recibir sueldo aunque no tuviesen trabajo. Puesto que eso es atractivo para cualquier votante, cada nueva elección se le iba sumando algo: unos años menos de trabajo, un poco más de salud, algo más en educación, y como no alcanzaba con los impuestos, pues el gobierno se endeudaba. Había la idea de que el déficit del gobierno era bueno porque implicaba crecimiento, resultado de una mala lectura de Keynes.

Bueno, pues así se hizo, y hoy ya no alcanza nada. A grandes cifras, el costo de las pensiones en los países europeos va de 10 a 14 puntos del PIB, y el de salud, de 8 a 12 puntos. Y como la población envejece, esos gastos crecen, pero el número de trabajadores disminuye. Es decir, el déficit crece. Mañana le seguimos.

Twitter: @macariomx

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