Opinión

Deudas

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ME. ¿Es preocupante el nivel de deuda pública?

Cuando un gobierno tiene deudas, puede optar por una de cuatro posibilidades. La primera, que es la que se parece más a lo que tenemos que hacer los mortales, es pagarla tal y como se contrató. Hay una segunda posibilidad, igual de extrema, y es no pagar nada, simplemente repudiar el compromiso. Esto fue muy común en otras épocas, pero ahora es muy difícil para los gobiernos hacerlo, porque la venganza del sistema financiero internacional suele ser grande.

Sin embargo, hay dos posibilidades adicionales que simplifican el problema de la deuda de los gobiernos. Una es que la economía crezca más rápido, y con esto la proporción que significa la deuda del PIB se vaya haciendo más pequeña. Puesto que la deuda está en alguna moneda (pesos, dólares, lo que sea), su crecimiento está predeterminado por la tasa de interés a la que se contrató, mientras que la economía puede crecer a ritmos mayores, y con ello la deuda se va haciendo relativamente más pequeña. A eso le apostaron todos los países del mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial, y funcionó por 25 años, hasta que las cosas se complicaron en la década de los setenta y las deudas se hicieron cada vez mayores.

La cuarta posibilidad, cuando la deuda está en la moneda que el gobierno controla, es diluirla con inflación. Un crecimiento acelerado de los precios provoca que la deuda se haga pequeña. En otras épocas, cuando no había dinero de papel, lo que hacían los gobiernos era alterar las monedas reduciendo su contenido de metal precioso, con el mismo propósito. Ahora basta con “imprimir”, y la deuda desaparece.

Claro que aparecen otros problemas, que pueden ser mucho peores, como aprendimos todos en los años setenta y ochenta del siglo pasado.

Bueno, aunque tenemos registro de que los gobiernos se endeudaron mucho en siglos pasados, eso normalmente ocurría para financiar guerras. Prácticamente sólo en eso (y en las señales externas de poder) gastaban los gobiernos. A veces pagaban, a veces repudiaban la deuda, en ocasiones se hacían de nuevos territorios y con ello pagaban una parte, y en otras ocasiones desaparecían la plata de las monedas.

Pero nunca tuvimos un nivel de deuda gubernamental como el que tenemos hoy en el mundo. Ahora no es sólo un país u otro con deuda, sino que todos los países, desarrollados, emergentes y del tercer mundo, tienen grandes deudas. En su moneda y en otras. Y en su gran mayoría, estas deudas han sido para mantener un nivel de vida artificialmente elevado. En algunos lugares con Estado de Bienestar (especialmente pensiones), en otros porque se rescataron deudas inmobiliarias, y en muchos países emergentes y del tercer mundo por los experimentos desarrollistas de décadas pasadas.

Es muy difícil que los gobiernos evadan sus compromisos, porque todos tienen deudas muy elevadas, y sería un desastre. Pero pagar tampoco está sencillo. La opción de que el crecimiento vaya reduciendo la deuda tampoco parece factible. En los países desarrollados, la población en edad de trabajar se va reduciendo, y no se ve claro quién va a pagar todo lo que se debe. En los emergentes, aunque usted no lo crea, también eso ya pasa: China pierde población en edad de trabajar ya este año y Brasil empezará a hacerlo en 2017 o 2018.

Sólo queda diluir la deuda, pero todo mundo teme a la inflación. Bueno, pues se está haciendo algo parecido, pero no igual, mediante el experimento de flexibilidad cuantitativa: tasas de interés muy cercanas a cero, que con inflaciones pequeñas se transforman en tasas reales negativas. Mañana le digo qué creo que puede pasar.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey

Twitter: @macariomx

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