Opinión

Deuda Histórica de España con los Sefaradíes

Los judíos sefaradíes, oriundos de España, fueron expulsados de ese país en 1492 por la intolerancia religiosa de la Iglesia Católica. A través del Edicto de Granada los Reyes Católicos acordaron “que todos los judíos y judías deben salir de nuestros reinos y que jamás tornen ni vuelvan a ellos ni ninguno de ellos”. Haim Beinart, una de las más importantes autoridades sobre Sfarad (España) calcula que 200 mil personas salieron de la Península Ibérica; otras fuentes vinculadas con comunidades sefaradíes estiman que el éxodo forzado ascendió a 300 mil a quienes el Santo Oficio despojó de sus bienes y propiedades. Por otra parte, alrededor de 300 mil judíos fueron obligados a convertirse al catolicismo. Cabe mencionar que España se había convertido en un centro de refugio de judíos desde el siglo VII hasta el XII tras la destrucción del Templo de Jerusalem (70 D.C.). Asimismo, la expulsión se aplicó a los árabes que vivían en España en armonía con judíos y cristianos. Judíos y árabes impulsaron una Época de Oro en España al propiciar el florecimiento de la cultura y la economía de esa nación.

La partida obligada de judíos y árabes de la Península Ibérica fue el inicio del ocaso del aquél entonces Imperio Español. Los historiadores califican la expulsión de ambos grupos como un error craso de los Reyes Católicos. Los judíos desterrados se dirigieron en varias direcciones, particularmente a Portugal, Marruecos, Italia y los territorios del Imperio Otomano, donde el Sultán ordenó que los judíos fueran bien recibidos. Con el tiempo los judíos se repartieron por los países Balcánicos, Holanda, Bélgica, Canadá, Israel y Latinoamérica, principalmente; la dispersión por el mundo no pudo terminar con la añoranza de España y la lengua que había sido suya: el ladino judeo-español, “que hasta hace 50 años fue hablado en diferentes partes del mundo por millones de judíos de origen español”; y que hoy día está en vías de extinción. El ladino es un lenguaje castellano arcaico al que se incorporaron palabras en arameo, hebreo y el vocabulario de otras lenguas como el portugués que lo enriqueció.

El primer gesto de reconciliación oficial de España con los descendientes de los judíos sefaradíes expulsados se registró cuando Miguel Primo de Rivera, militar, político y dictador que encabezó un Directorio Militar que centró en el todos los poderes del Estado con el visto bueno del Rey Alfonso XIII, publicó un decreto de ley el 20 de noviembre de 1924, según el cual los sefaradíes tenían derecho a obtener la nacionalidad española, y gracias al mismo 40 mil judíos salvaron la vida durante el Holocausto. Empero, fue hasta el 21 de diciembre de 1969, que mediante un decreto se abolió el Edicto de Granada.

Transcurrieron más de cinco siglos para que España reparara cabalmente el error de los Reyes Católicos de haber expulsado a los judíos de su territorio, al presentarse un anteproyecto de ley para reformar el artículo 23 del Código Civil para la concesión de la nacionalidad a los extranjeros sefaradíes que la deseen, previo al cumplimiento de requisitos para acreditar su descendencia sefaradí, y a la vez, permitir que los nuevos españoles puedan conservar la que tienen de origen. La nacionalidad se les otorgaría cualquiera que sea su ideología, religión o creencia y no tendrían que residir previamente por dos años en España, como en el presente se les exige a quienes se les otorga.

En este marco, existen diferentes estimaciones sobre el número hipotético de sefaradíes en el mundo que se beneficiaran por la reforma al Código Civil, y que oscila entre 2 y 3.5 millones; la mayoría residen en EUA, Canadá, Norte de África, Grecia, Turquía y el Oriente Medio, incluyendo a Israel. Adicionalmente al otorgamiento de la ciudadanía española, existen judíos que solicitan a España que se disculpe ante el pueblo judío por su expulsión en 1492, lo cual ya sucedió en el caso de Portugal. En este sentido, el Presidente de la Conferencia de Rabinos Europeos, Pinchas Goldschmidt, reclama que España ofrezca la oportunidad a los descendentes de aquellos que fueron forzados a la conversión, a buscar en la historia y hallar sus raíces judías; en este ámbito, pide al gobierno de España que establezca un Instituto de Genealogía que ayude a los judíos a encontrar sus orígenes españoles y se introduzcan los estudios judaicos en el programa escolar y que antiguas sinagogas que se usan como museo o iglesias puedan ser de nuevo abiertas al rezo judío, aclarando que no se trataría de restituir la propiedad a las autoridades comunitarias judías.

El proceso de aprobación de las reformas al Código Civil no tiene un término para su conclusión; por lo pronto, por real decreto se estableció que en el círculo básico de la Educación Primaria, que fue aprobado por el Consejo de Ministros el 28 de febrero pasado, que en el próximo ciclo escolar los alumnos estudiarán la violencia terrorista, la de género y la que se presente en cualquier forma. Los programas docentes y deberán incluir la prevención de la violencia terrorista y cualquier forma de racismo y xenofobia, incluyendo el Holocausto Judío como hecho histórico.

La concesión de la nacionalidad española a los sefaradíes en una forma relativamente expedita y la oficialización del estudio del Holocausto en la educación primaria de España, son hechos encomiables. Es de esperar que una vez que se supere el entorno económico adverso que priva en España, el otorgamiento de la nacionalidad española a los sefaradíes atraiga a ese país talento e inversiones y los sefaradíes podrán gozar de los beneficios que España tiene en la Unión Europea.