Opinión

Deuda del sector privado y una falla de observación

 
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Paul Krugman. Deuda del sector  privado, y una falla  de observación.

Neil Irwin, corresponsal de economía de The New York Times, escribió recientemente sobre las inquietudes de que un dólar al alza dañe a países en desarrollo donde las corporaciones se han endeudado en dólares. Como dice, esto hace eco de la crisis asiática de finales de la década de 1990 y de la crisis argentina de 2002.

Sin embargo, el Sr. Irwin efectivamente parece desviarse ligeramente en un punto: “La principal diferencia en esta ocasión -escribió en su artículo del 16 de marzo (nyti.ms/1CMu2Mq)- es que las compañías privadas, y no los gobiernos, han incurrido en deuda no en moneda propia”.

De hecho, esta vez es igual. Las crisis asiática y argentina también involucraron deuda del sector privado, siendo la deuda pública asiática, en particular, bastante baja antes que golpeara la crisis. Y un número de economistas, incluyéndome, desarrolló independientemente modelos de apalancamiento, desajuste monetario y efectos en las hojas de balance para entender la crisis asiática.

Este punto importa, pienso, por un par de motivos. Por un lado, si alguien prestó atención a Asia en 1997-1998, estaba vacunado contra la tentación a fiscalizar las narrativas de la crisis y ver todo lo que sale mal como resultado de déficit presupuestales (este es un motivo por lo que reaccioné al artículo del Sr. Irwin; ya ha habido un enorme esfuerzo por fiscalizar retroactivamente la crisis del euro, y debemos resistir los intentos por hacer lo mismo con la crisis asiática).

Por otro lado, a veces escucho gente declarar que hasta la crisis financiera de 2008, los economistas no prestaban atención a la deuda privada como fuente de problemas económicos. Pero todos los que trabajaban con Asia en 1998 eran bien conscientes de los problemas que podían crear la deuda y el apalancamiento. Si no comprendimos qué tan vulnerable volvió a Estados Unidos el auge de la deuda de las familias, fue una falla de observación, no un problema conceptual profundo.

Como he intentado explicar en un número de ocasiones, la crisis de 2008 fue una sorpresa, pero no un choque, al menos para mí; comprendí casi inmediatamente que lo que estaba pasando encajaba bastante bien con los marcos existentes. Sabíamos de corridas bancarias, y una vez que se entendía que algo esencialmente igual a una corrida bancaria podía suceder en la banca sombra, tardabas 30 segundos en descifrar la depresión post Lehman Brothers. Sabíamos de los efectos de balance, y no fue nada difícil transferir ese entendimiento a las secuelas de la burbuja inmobiliaria.

Twitter: @NYTimeskrugman

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