Opinión

Destruyendo nuestro hogar, el de todos

 
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10 aniversario del Metrobús CDMX

Presidente de Sociedad en Movimiento.

¿Nos hemos dado cuenta del daño irreparable y cada vez más peligroso que estamos causando a nuestra casa común, la tierra, el hogar de todos? El Papa Francisco, con vigor inusitado, hace un reclamo a nosotros, los seres humanos sobre la irresponsabilidad con la que estamos manejando nuestra relación con el medio ambiente y el perjuicio que esto representa no sólo para nuestra generación, sino particularmente para la de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

“El medio ambiente, nos dice Su Santidad, es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos…el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto… porque el inmenso crecimiento tecnológico no estuvo acompañado de un desarrollo del ser humano en responsabilidad, valores, conciencia y de aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a estrujarlo hasta el límite y más allá del límite… Es el presupuesto falso de que existe una cantidad ilimitada de energía y de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efectos negativos de las manipulaciones de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos…este paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real. No se aprendieron las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental…quienes no lo afirman con palabras lo sostienen con los hechos, cuando no parece preocuparles una justa dimensión de la producción, una mejor distribución de la riqueza, un cuidado responsable del ambiente o los derechos de las generaciones futuras. Con sus comportamientos expresan que el objetivo de maximizar los beneficios es suficiente. Pero el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social…la cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un progreso educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático”.

Estos no son sino unos de los tantos pensamientos que Su Santidad vierte en su última Encíclica sobre este gravísimo problema que daña el corto plazo y amenaza en el largo plazo la misma vida humana –al menos en la forma en que la conocemos.

Problema mundial, sin duda, de proporciones inimaginables, pero no hay que ver sólo lo mal que se está comportando la población mundial, sino lo mal que nos estamos comportando los mexicanos y lo poco que estamos haciendo, frente a la magnitud del problema, por parte de las autoridades y por parte de nosotros mismos, los ciudadanos.

Menos uso del automóvil y más del transporte público, pero no de aquellos que son chimeneas vivientes y arrojan sus porquerías al aire que respiramos. El metro, como verdadera solución, y el metrobús como otra alternativa menos eficaz pero mucho mejor que la de utilizar el automóvil en forma indiscriminada. Esto es lo que deberíamos exigir a las autoridades.

París, el bellísimo París, ciudad de gran magnitud en la que pasea uno todo el día para maravillarse de sus bellezas y sus museos, tiene un servicio de Metro que lo conduce a uno a todos (o casi todos) los lugares a los que pretende asistir ¿Tomar un taxi en París o rentar un automóvil? Para mí es una tontería. Simplemente bajo al Metro, descubro la ruta que debo seguir y abordo el próximo tren que me conduce a mi destino ¿Qué a veces, a las “horas pico” va a reventar? Cierto, pero esa incomodidad se paga con creces con los beneficios de costo y rapidez que ofrece.

¿Cuándo tendremos en la Ciudad de México un servicios al nivel de los requerimientos de esta gran ciudad? Años van, años vienen, y las soluciones son dramáticamente inferiores a los que nosotros los ciudadanos tenemos derecho a exigir. Un gobierno con visión de largo plazo en nuestra bella y agobiante Ciudad de México es lo que necesitamos con urgencia, con verdadera urgencia. Basta de paliativos. El tamaño del problema requiere un jefe de gobierno a la altura de las circunstancias, jefe que andamos buscando, sin encontrarlo, desde hace muchos años.

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