Opinión

Destruye “Panama Papers” las claves de los sistemas “off-shore”

 
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Las remesas, el lado positivo en el alza del dólar

Es posible que para gran parte de la población en el país, la expresión “empresa offshore” sea totalmente novedosa; o si la han escuchado, su significado esté sujeto a su sinonimia con “empresa fantasma” o “empresa de papel”. Estos son, en efecto, algunos de sus usos y aplicaciones más comunes, pero de ninguna manera agotan el amplio espectro de funciones que este tipo de entidades suelen proporcionar en el mundo. Su definición como “offshore” representa, eso sí, de manera muy precisa, la referencia que les define como personas morales formadas “fuera de los límites o fronteras”.

Las empresas “offshore” han sido ampliamente utilizadas a lo largo de 50 años para organizar estructuras para explotar eficientemente derechos de propiedad intelectual que poseen empresas transnacionales. Una empresa en Holanda, Luxemburgo o Bahamas es dueña de los derechos de marca de las filiales en diversos países, las cuales pagan a aquella, cada mes, las regalías que correspondan, con una enorme ventaja fiscal. Esa parte es sustraída de las utilidades, trasladándola a un territorio en el que los impuestos a pagar son muy bajos, o de plano inexistentes.

Los países que han fomentado leyes que permiten este tipo de empresas “opacas”, persiguen que las facilidades fiscales atraigan grandes capitales a sus bancos, dotando al país de enormes fondos para financiar el crecimiento interno. Esa es la razón de que muchos países compitan permanentemente con los mejores esquemas bancarios, de inversión, seguros y corporativos, haciéndolos lo más atractivos posible a los ahorradores. Parte de la oferta incluye, desde luego, absoluta confidencialidad para sus socios y directores.

Otra de las funcionalidades más buscadas de este tipo de entidades es de orden patrimonial, a fin de utilizar el velo corporativo que imponen para que personas físicas puedan poseer bienes de todo tipo saliendo del radar que de primera mano toda autoridad puede utilizar para rastrear ingresos y posesiones de cualquiera. Pero es también cierto que buena parte de los objetivos de “ocultamiento” que se alcanza con estos esquemas obedece estrictamente a razones de seguridad en países como los nuestros.

Esa es la razón de que en escándalos como el de Panamá Papers, lo que esté en juego vaya más allá de una simple cacería de brujas. Es este un ataque de las nuevas armas intrusivas del sistema contra la secresía que se “garantizaba” como una de las claves para su supervivencia; es un movimiento que contrapone el derecho a la privacidad contra el pretendido derecho a la información, hasta niveles nunca vistos.

A pesar de que muchos de los fondos “offshore” puedan ser legales, es claro que los nombres que son vinculados a partir de la revelación sufrirán un descrédito irreparable. Es un hecho, también, que la filtración y develación de la información es de origen ilegal ¿es esto, entonces, una gran victoria del periodismo de investigación?

Hay que recordar que la sociedad de responsabilidad limitada es uno de los grandes inventos del siglo XIX, que permitió al capitalismo desarrollarse como sistema hasta posiciones impensables gracias al anonimato y la protección patrimonial que permitió a sus socios. ¿es la muerte de ese sistema lo que celebramos?

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