Opinión

Después de la elección

 
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Boletas electorales

Pobre Gamés. Arrastrado por dudas y tribulaciones, abandonó la inacción, el mullido sillón y votó. Sus boletas cruzadas sirvieron y no sirvieron: quiso castigar al Verde y ese partido infame logró 7.0 por ciento; quiso darle una punición al PRI y el tricolor logró la porcentual más alta en la nueva composición del Congreso; se negó a darle ni siquiera una pizca de voto a Morena y ese partido de una sola persona se hizo de cinco delegaciones en el Distrito Federal y 16 diputados en la Asamblea. Gamés no se espanta, así es esto de las urnas y los votos pero, ¿no es un poco demasiado?

La amenaza de violencia en al menos cuatro estados de la república encabezada por la CNTE, ese esperpento que, decíamos ayer, los gobiernos estatal y federal no supieron y no quisieron detener o acotar a tiempo, fue conjurada; se instalaron la inmensa mayoría de las casillas y los hechos de violencia fueron aislados. Salvo esos incidentes, la elección no sufrió mayores desperfectos y la votación ocurrió en santa calma.

Gil se pregunta: ¿los comentaristas inventan, exageran, o simplemente transitan por unos caminos que a los electores no les da la gana caminar?

El País
Y hablando de comentaristas, Gil se jaló los pelos cuando leyó la primera plana de su periódico El País: “Los disturbios marcan la jornada electoral en México”. Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades. La nota la firman J. M. Ahrens y J.D. Quesada. Hay una alta probabilidad de que estos periodistas hayan escrito dormidos, a Gil le ha pasado. O bien que su nota fuera redactada tres días antes de las elecciones con una bola de cristal descompuesta.

Gil añora esa época en la cual la edición latinoamericana de El País era una muestra de periodismo informativo, preciso. Ah, les beaux tours. Oigan esto: “El gremio de maestros mantiene las protestas en Oaxaca. Los padres de los 43 de Iguala se alzan en Guerrero”. ¡Se alzan! Ahrens ha leído algunos párrafos sobre la revolución mexicana y se emociona tanto que le da por crear realidades alternas.

Si Ahrens hubiera trabajado en El Imparcial del año de 1911, su trabajo periodístico habría recibido un premio: “Se alzan los zapatistas. Huerta intenta sofocar la revuelta”. Señor Ahrens, se entiende su entusiasmo, sus ganas de presenciar la segunda revolución mexicana, pero caramba, ¿no lee usted los periódicos, no oye el radio, no ve la televisión? A ver, monsieur Ahrens, en serio, ¿cuántas casillas se instalaron el día de la elección? No lo sabe, correcto. ¿Qué porcentaje del electorado salió a votar? Tampoco lo sabe, correcto. Gil le informa, señor Ahrens: se instalaron algo así como 98 por ciento de las casillas y votó algo así como 48 por ciento del electorado, cifra altísima para una intermedia. O sea, el titular de su primera plana de El País es una mula gorda y su texto una ensayo lírico impresentable sobre la revolución de la CNTE. Oh, sí. Caracho, se trata de El País, ni más ni menos. En España nadie dice nada, porque la verdad sea dicha, les importa un cacahuate la edición que circula por estos rumbos. Helas!

Periodismo ficción
Oigan a estos periodistas, por piedad, si pueden ingerir un cuartito de Tafil y unos tragos de Riopan, les será más fácil tragar estas verdades: “Grupos de maestros disidentes del poderoso sindicato del gremio de maestros continuaron el pulso de los últimos días en protesta por la reforma educativa, quemando urnas e impidiendo la instalación de centros de votación”. Más bien parece que el señor Ahrens festejó a lo grande el triunfo del Barcelona. En fon, así pasa.

¿Están listos? Aquí vamos: “México ha vivido estas elecciones intermedias, que marcan una nueva etapa en el gobierno de Peña Nieto, en un clima continuo de tensión, desde la cicatriz de dolor todavía abierta por la tragedia de Iguala hasta el más reciente enfrentamiento con el gremio de maestros”.

¿Y las elecciones? ¿Cuáles elecciones?, responderían preguntando Ahrens y Quesada, tremenda dupla periodística. ¿Resultados preliminares, encuestas, candidatos, composición del Congreso? Qué los lectores se lo coman con papas, responderían una vez más Ahrens y Quesada, tremenda dupla, algo así como Manolín y Chilinsky del periodismo hispano-mexicano. No somos nada. Caracho, que le devuelvan a Gil su periódico El País que tanto ha ponderado en el amplísimo estudio.

La máxima de Marcel Mart espetó en el ático de las frases célebres: “La mejor fuente de información son las personas que han prometido no contárselo a otros”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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