Opinión

Despetrolizar las participaciones

Desafortunadamente continúan las revisiones a la baja de la tasa esperada de crecimiento del PIB para este año. Ahora le tocó al FMI, sin que se vean señales que alienten optimismo en el corto plazo, lo que se refleja en todas las variables económicas fundamentales. Es el caso del comportamiento de las participaciones, que por “el efecto rebote” y, reconozco, un buen trabajo de la administración tributaria, están por arriba de lo programado este año (17.6 por ciento) y en relación a 2013 (9.6 por ciento); sin embargo, todavía seis entidades federativas siguen por debajo de los niveles reales de 2008, y las expectativas y pronósticos continúan bajando. Campeche y Tabasco están por debajo de 2013; además, por la suma cero, 18 traen un ritmo menor al promedio nacional.

Cuando se defendía en 2007 el cambio de fórmulas hecho por Hacienda, como un proceso gradual, teniendo como garantía lo pagado ese año, lo que se pagaría con la fórmula vigente y los incrementos nominales de las participaciones –el copete– se cubriría con los nuevos porcentajes, que son los de la población domiciliada.”Gracias” a la crisis de 2009 cuando cayó la recaudación nominal y a sus inercias, se ha retrasado la transición, ya que cuando ésta termine, las finanzas de entidades como Tabasco estarán arrasadas totalmente. Dada la suma cero, surgen entidades federativas ganadoras y perdedoras. Las que tenían menos población que su coeficiente de participaciones han perdido, notablemente. Tabasco, el Distrito Federal, Campeche, Nuevo León y Chiapas, los que tienen más población, son ganadores como el Estado de México, Puebla, Guerrero o Oaxaca; sin embargo, algunos de estos “ganadores” –los dos últimos–, han perdido por el cambio de fórmula del FAEB.

Cuando se cambiaron las fórmulas, sin un consenso previo como el de 1990, las autoridades hacendarias al ser cuestionadas por el cambio a futuro de los coeficientes de entidades federativas como Tabasco y Nuevo León, respondían que para 2012 las cosas irían tan bien que recibirían más de 10 mil millones de pesos adicionales, pero la realidad ha sido otra. Por ejemplo, Tabasco ha recibido 10 mil millones menos y eso que todavía se distribuyen alrededor de dos terceras partes del Fondo General de Participaciones –20 por ciento de la recaudación federal participable– por el coeficiente vigente a diciembre de 2007. Los cambios en el régimen fiscal de Pemex introducen incertidumbre en las finanzas estatales, que no pueden apostar a largo plazo, por lo que hay que eliminar las expectativas negativas.

En el discurso político se ha dicho que con el cambio al régimen fiscal de Pemex les irá mejor a los estados, por la recaudación adicional que se generará pero, ¿y si no? ¿Si sucede lo que pasó de 2008 a la fecha? Recordemos que Keynes decía que en el largo plazo todos estaremos muertos.

Hay que revisar ya, de inmediato, la estructura de la recaudación federal participable, eliminando el componente de los ingresos petroleros, con una regla simple: sustituyendo esos ingresos, incrementando proporcionalmente el porcentaje de la recaudación federal participable no petrolera, dejando la volatilidad y los riesgos al orden federal, que además constitucionalmente es el único que puede gravar la actividad petrolera, además de darles facultades para gravar, por ejemplo, la gasolina.

El comportamiento en términos reales de la recaudación federal participable y lo que ha pasado con las participaciones de varias entidades federativas, y por tanto de sus municipios desde 2008, muestra la necesidad de avanzar en esta despetrolización de la recaudación federal participable y/o incrementar el porcentaje participable, teniendo como base un sistema de garantías, como el que existía en los ochentas para las participaciones.

Correo: brunoavidpau@yahoo.com.mx