Opinión

Despertó el dragón

10 febrero 2014 5:12 Última actualización 25 julio 2013 5:42

 
 
María de los Ángeles Mascott Sánchez*
 
 
Siendo una niña pequeña, al observar unas litografías de dragones con lenguas de fuego que entonces colgaban en las paredes de su biblioteca, escuché por primera vez, de boca de mi abuelo, la famosa frase de Napoleón sobre el despertar de China: “Cuando China despierte, el mundo temblará”.
 
 
El país asiático depende en exceso de la inversión extranjera y de las exportaciones: William MorrisonY China despertó.
Hace unos días William Morrison, especialista en comercio exterior del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS, por sus siglas en inglés) presentó a los legisladores de ese país un balance de oportunidades y retos en la relación económica con China bajo el nombre de “El ascenso económico chino: historia, tendencias, desafíos e implicaciones para Estados Unidos”.
 
 

El estudio señala, textualmente, que el país asiático “es actualmente la segunda economía más grande del mundo, el exportador más grande de mercancías, el segundo importador, el segundo destino más importante para la inversión extranjera directa, el segundo manufacturero, el tenedor más importante de reservas extranjeras de intercambio comercial y la nación acreedora más importante”.
 
Algunos datos relevantes: durante 2012 el crecimiento del Producto Nacional Bruto (PNB) chino promedió 10%; en junio de ese año la balanza comercial entre Estados Unidos y China arrojó un déficit histórico de 29,400 millones de dólares para E.U.
 
 
Además, de acuerdo con Morrison, en 2012 el PNB chino fue equivalente a dos tercios del estadounidense. También cita que para 2013 el Índice de Competitividad Manufacturera Mundial, Deloitte, coloca a China en el primer lugar y que la proyección es que se mantendrá por lo menos cinco años en esa posición, mientras que EU descenderá del tercer al quinto lugar.
 
 
Respecto de la inversión extranjera directa, Morrison afirma que las reformas e incentivos impulsados por el gobierno chino han permitido que los recursos externos, provenientes de al menos 445,244 empresas registradas en ese país en 2010, que emplearon en ese año a más de 55 millones de trabajadores, son responsables del crecimiento del comercio con el exterior. Morrison concluye con una exposición de los desafíos que enfrenta Estados Unidos en su relación con China: “convencer a sus autoridades de que…participar en el mantenimiento del sistema de comercio mundial… y que profundizar en las reformas económicas y comerciales es el camino más seguro para que China crezca y modernice su economía”.
 
 

Para México los retos también son de mayor envergadura. De acuerdo con datos de la Secretaria de Economía, a finales de 2012 las exportaciones mexicanas a China sólo alcanzaron 5,721 millones de dólares, mientras que las importaciones sumaron más de 57,000 millones.
 
México no ha encontrado un mercado relevante en los 1,362 millones de personas que habitan China; las ventas a ese país sólo alcanzan 1.4% del total de nuestras exportaciones. A contracorriente del lugar común, en términos reales los salarios promedio en China son ahora 33.6% superiores a los de México.
 
 
Habrá que seguir analizando el modelo de desarrollo chino. Para varios analistas en pocos años China se convertirá en la economía más grande del mundo (por arriba de Estados Unidos), aunque vaticinan que el producto nacional per cápita seguirá por debajo de varios países.
 
 

Además, advierte el informe de Morrison, en el largo plazo la capacidad de China para mantener su crecimiento económico “dependerá de la instrumentación de reformas comprehensivas que fortalezcan la transición a la economía de mercado… fomenten la demanda de los consumidores e impulsen la productividad y la innovación”. Recuerda también que el país asiático depende en exceso de la inversión extranjera y las exportaciones, y que enfrenta severos problemas de contaminación, desigualdad, corrupción, y acceso a la seguridad social, y que requiere fortalecer el estado de derecho.
Correrán muchos ríos de tinta sobre estos temas.
 
 

Pero –cada tanto- tendremos que recordar que los chinos se han guiado por máximas que aún permean su idiosincrasia: “No puedes guiar el viento, pero puedes cambiar la dirección de tus velas”. Y que, como recuerda el economista Angus Maddison de la OCDE, en 1870 China ya fue la economía más grande del mundo. Como sentenció Confucio, los chinos aprenden haciendo: “Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí”.

*Directora General de Análisis Legislativo del Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República. Doctora y Maestra en Gobierno por la Universidad de Essex, Reino Unido, y Licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de México.