Opinión

Desinformación

 
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La desinformación se ha convertido en un cáncer. (Shutterstock)

En esta era acelerada de redes y tuits, de mensajes que recorren el universo digital denunciando, acusando, exhibiendo y en el pleno ejercicio de la burla, aparece la desinformación o la noticia falsa como estrategia político–electoral.

El Partido Joven de México, una invención de la creatividad política del inolvidable Humberto Moreira, presentó una denuncia en contra de Guillermo Anaya por enriquecimiento ilícito y acompañó la denuncia con 'supuestas pruebas' como cuentas bancarias en Barbados y otra en un banco mexicano. En menos de 24 horas, el candidato al gobierno de Coahuila por el PAN desmintió la existencia de las millonarias cuentas y pudo demostrar la falsedad de la información.

En paralelo y casi los mismos días, aparece una información de cuentas en bancos suizos manejadas por la esposa y hermana del mismo señor Moreira, donde supuestamente hacen transferencias y movimientos de una cuenta que tiene un hipotético saldo de 62 millones de dólares.

Aparentemente, también información falsa.

Los partidos políticos y sus ambiciosos candidatos, urgidos por desacreditar al contendiente, lanzan una serie de acusaciones y denuncia, en aras de golpear la imagen pública del candidato.

Es exactamente la misma estrategia que utilizó Donald Trump en contra de Hillary Clinton durante la campaña presidencial estadounidense. Las acusaciones de traición, discrecionalidad en el manejo de la información –los célebres correos electrónicos–, sus sospechosas relaciones con el extranjero, dañaron y perjudicaron la reputación de la aspirante demócrata. Qué ironía a seis meses de la contienda, cuando hoy sabemos con hechos y testimonios que el entorno Trump sostuvo encuentros y relación con la inteligencia rusa que, por cierto, infiltró la campaña electoral. ¿Quién resultaría hoy el traidor a los Estados Unidos? Es irrelevante, no importa, porque el que se sienta en la Oficina Oval y toma las decisiones es el ganador, el que mintió, falseó información, desacreditó a su oponente.

Tal parece que algunos políticos mexicanos quisieran repetir la fórmula, aplicar la receta, infringir un daño severo antes de los comicios para que cuando lleguen las votaciones no exista una investigación final que deslinde responsabilidades.

Anaya pudo desmentirlo rápidamente en Coahuila con declaración abierta a los medios, mientras que Moreira optó por entrevistas cerradas con algunos elegidos.

La fama pública y los antecedentes de Moreira no significan necesariamente que la información sea cierta, aunque por lo pronto fue publicada y tendremos que medir su impacto en unos días.

Vivimos la era del reporte apresurado, una fiebre de opinión ciudadana en redes, sana y oxigenante, opinión crítica que empodera al ciudadano, pero que lamentablemente no abona a la información precisa, veraz, sustentada.

Parece que la estrategia electoral es “ensucia y daña, calumnia, que algo quedará”, y que se aprovecha de las mismas redes.

En los medios hoy llamados 'convencionales' vivimos este momento de sobrevaloración de redes sociales, donde la opinión es confundida casi a diario con información veraz, comprobada, verificada.

Como fue publicado esta semana, el medio convencional se convierte en víctima de la manipulación política. Una denuncia y una acusación no hacen un expediente con investigación sólida de hechos comprobados.

Es, simplemente, la voz de una parte al acusar a otra.

Por ello resulta especialmente delicado el escenario electoral que se avecina: el domingo 4 de junio –los medios conocemos bien el proceso– más de un candidato se declarará triunfador esa noche, sobre todo si los números –como se anticipa– sean de un margen muy estrecho.

Las redes a lo largo de la tarde jugarán un papel fundamental, primero para denunciar desviaciones, abusos, delitos electorales –falsos o verdaderos– que tendrán que ser investigados a posteriori. Pero esencialmente para construir una atmósfera que otorgue verosimilitud a los resultados, o por el contrario, que descalifique desde temprano el conteo de votos que favorezca a alguno de los contendientes.

Deberemos todos, ciudadanos, informadores, analistas, autoridades, ser extremadamente cuidadosos en no adelantar juicios ni valoraciones basados en trending news que inunden ese día las redes.

La desinformación, gran ironía, se convierte en el cáncer más dañino y peligroso en la auténtica época de la información total.

Twitter: @LKourchenko

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