Opinión

Desigualdad y pobreza, lastres para el desarrollo

 
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Actualmente 55.3 millones de personas son pobres en México

En 2012 el premio nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, en su libro El precio de la desigualdad, advertía de que en ese momento y como parte también de los impactos de la gran crisis iniciada en 2008 (y que aún no termina por cierto), la desigualdad había llegado a niveles realmente alarmantes que ponían en riesgo la existencia misma del actual sistema al advertir que 1.0 por ciento de la población tiene o controla lo que 99 por ciento necesita y que las consecuencias de ello se manifiestan en altos índices de criminalidad, problemas sanitarios, menores niveles de educación, de cohesión social y de esperanza de vida. En suma, una alta marginalidad y pobreza.

En ese año en México la desigualdad no sólo es palpable, sino que todos esos factores a los que se refiere el profesor Stiglitz se acentúan, ya que en las últimas décadas no hemos encontrado el rumbo del progreso y el desarrollo que se expresen en niveles de crecimiento económico sostenido y empleo formal bien remunerado, en fin en una mejor calidad de vida.

El PRI en su plataforma electoral frente a eso, elaboró un diagnóstico impecable y sólo como flashazo señalaré que criticaba que la economía tuviera un crecimiento promedio de 2.3 por ciento del PIB en los últimos años y 53 millones de pobres con un alto grado de violencia y descomposición del Estado de derecho entre otras cosas, y señalaba “nuestro principal desafío para lograr la edificación de un país justo, y progresar, es superar la grave desigualdad social y la pobreza en que se encuentra más de la mitad de la población mexicana.

“La iniquidad y la miseria son el mayor lastre para nuestro desarrollo y constituyen una enorme deuda social para nuestra democracia”.

Ese era el mayor compromiso del PRI y así está escrito y entregado a la autoridad electoral como plataforma electoral y compromiso de gobierno en caso de ganar, como así fue, entonces uno esperaría encontrar en políticas públicas y acciones de gobierno avances en el compromiso mayor, pero la realidad que Coneval acaba de presentarnos es muy diferente. El reporte señala que la pobreza alcanza ya a 55.3 millones de mexicanos y que el porcentaje de la población en situación de pobreza pasó de 45.5 en 2012 a 46.2 en 2014.

Otros estudios adelantaban conclusiones similares, el Inegi señaló que la caída del ingreso en términos reales fue de 3.5 por ciento y la OCDE en su estudio Diagnóstico de Desarrollo Regional: México, da cuenta que los niveles de pobreza no han cambiado en los últimos 20 años, debido a la reducida tasa de crecimiento de la economía y la desigual distribución del ingreso.

Otro estudio, impulsado por Oxfam y realizado por el profesor Gerardo Esquivel de El Colegio de México (Colmex) y del cual hace unos días en estas páginas también hice un comentario más amplio, señala que no sólo las políticas sociales han resultado insuficientes, sino que los beneficios del crecimiento aun y que sea reducido y mediocre han sido mal distribuidos y colocan a nuestro país dentro del 25 por ciento de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo. Es México el país donde al 1.0 por ciento más rico le corresponde un mayor porcentaje del ingreso total, el 21 por ciento.

Las políticas sociales por más que se apliquen bien y sean eficientes no podrán reducir los niveles de pobreza si no hay crecimiento económico, y el actual gobierno que criticó el pasado crecimiento mediocre de 2.3 por ciento, desafortunadamente ni siquiera ha alcanzado eso en promedio en estos años. Una dosis de autocrítica nunca cae mal pero frente a la prepotencia, altanería y sordera no se puede hacer mucho. Decía Michel Rocard, el gran primer ministro de Miterrand en Francia, que en política lo que cuentan son los hechos, y pues estos son.

Los informes que en estos días han abordado los temas de la desigualdad y la pobreza deben de ser una seria advertencia y un punto de inflexión para repensar la política económica y volver a afianzar los compromisos con los que menos tienen no sólo un tema moral o de queja sino de profunda preocupación sobre el destino del país, sobre la viabilidad de nuestro desarrollo y nuestra democracia.

Dice el profesor Goran Therborn, de la Universidad de Cambridge en su excelente libro La desigualdad mata, que la desigualdad es una violación de la dignidad humana y que puede adoptar múltiples formas y tiene múltiples consecuencias: muerte prematura, mala salud, humillación, subyugación, discriminación, exclusión del conocimiento o de la vida social, pobreza, inseguridad... y que por lo tanto la desigualdad no sólo es una cuestión de dinero.

Es un orden sociocultural que reduce nuestra capacidad para funcionar como seres humanos, para actuar y participar en el mundo. Ese es el tamaño del reto y del compromiso de cada uno de nosotros.

Twitter: @SamuelAguilarS

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