Opinión

Desigualdad e indiferencia

 
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Escuela pobre CUARTOSCURO

Repentinamente, parece ponerse el reflector sobre el tema de la desigualdad. Es una discusión relevante. Quisiera enfatizar algunos puntos que provienen más de mi sentido común que de ser un experto en el tema. Aunque creo, también, que hay pocas voces realmente calificadas y enormes diferencias de opinión.

Se tiende a cometer un error importante cuando se habla de los más 'ricos' en cualquier país como si se tratara de un grupo homogéneo. Se habla de qué porcentaje del ingreso nacional está en manos del uno por ciento más rico, por ejemplo, como si se tratara de una suma cero. No lo es. Abundan los casos de 'ricos' capaces de generar riqueza nueva, a partir de inversiones exitosas, de desarrollo y adopción de tecnología de punta, de incrementos reales en la productividad. A veces se habla del rico como si éste lo pudiera ser sólo a partir de haberle quitado su dinero al pobre.

Me parece que se pone demasiado énfasis sobre la desigualdad y demasiado poco sobre la pobreza. Un país como Pakistán es mucho menos desigual que Estados Unidos porque su ingreso per cápita es cuarenta veces menor. Es más relevante analizar cómo viven los pobres en uno u otro país, y qué puede hacerse para abatir la pobreza no con objetivos estadísticos, como el actual gobierno en México es tan proclive a hacer, sino de manera estructural.

En mi opinión, el gran reto es cómo emparejar el terreno para cerrar la brecha entre las oportunidades que disfruta la parte más acomodada de la población y aquellas de las que carecen los más necesitados.

Emparejar el terreno por completo es imposible. Aun con educación pública de alta calidad, acceso a salud, transporte público, etcétera; es enorme la ventaja que tienen jóvenes cuyos padres han tenido educación y recursos, que tienen “role models” y un entorno propicio.

Aún haciendo las cosas muy bien, tomaría generaciones cerrarla en forma aceptable; y ni remotamente las hacemos bien.

Si esta fuera una carrera, querríamos que todos puedan arrancar del mismo punto, con zapatos y entrenamiento comparable, más que asegurarnos de que todos lleguen a la vez. Siempre habrá unos con más talento o voluntad.

William Easterly, experto en el tema, dice que la pobreza se debe a “el poder desenfrenado del Estado contra gente sin recursos y sin derechos.” En México, y en muchos otros países, hay además un fuerte sesgo racial. Estado y sociedad imponen limitaciones al desarrollo de regiones y de parte importante de la población por su pigmentación u origen étnico. Las páginas de sociales de cualquier periódico evita incluir a quienes tienen rasgos indígenas.

El Estado no ha provisto condiciones básicas para fomentar movilidad social en México. El sistema de educación pública es paupérrimo y el corporativismo en los sistemas de asistencia social crea más dependencia que progreso. Pero, hay otra condición que explica la desigualdad en la sociedad mexicana: la profunda indiferencia de la clase acomodada.

Sí importa preguntarnos cómo hicieron su fortuna los más aventajados. El enriquecimiento es cuestionable cuando se logró aprovechando condiciones monopólicas que permiten obtener una renta sobre su capital mayor a la que condiciones justas de mercado permitirían, o cuando es dinero mal habido, como el que proviene de corrupción (del lado del corruptor o del corrompido). Abundan las fortunas con ese origen, pero no son todas.

Hay muchos casos de riqueza producto de creatividad (Mark Zuckerberg con Facebook, Bill Gates con Microsoft) o de enorme talento y disciplina para invertir (Warren Buffet). A diferencia de la mayoría de las fortunas fuera de Estados Unidos, en ese país hay un incuestionable sentido filantrópico. Estos tres casos heredarán una parte mínima a la siguiente generación de sus familias. El grueso se irá a financiar grandes proyectos de educación para gente de escasos recursos, de salud pública, etcétera.

Más aún, en esta generación de millenials (jóvenes nacidos en las últimas dos décadas del siglo pasado) en Estados Unidos, no tiene precedente el porcentaje de jóvenes altamente educados y provenientes de familias acomodadas que se están dedicando a profesiones con un alto contenido de servicio social. Eso explica la popularidad entre los jóvenes de Bernie Sanders, un socialista, como precandidato presidencial. Contrasta con nuestros jóvenes donde abundan 'ninis', 'mirreyes', más preocupados por el 'precopeo', o el plan de fin de semana, que por contribuir a cerrar la brecha en el ingreso en nuestro país. Incluso, cuando emprenden tareas filantrópicas, la motivación es más la lástima o las ganas de figurar en la página de sociales, que un deseo genuino de empoderar, de devolver dignidad.

La desigualdad siempre ha existido. En unos casos, se ha hecho más pronunciada en un sistema económico crecientemente capaz de generar a grandes ganadores, dada la revolución tecnológica que vivimos. En otros, parece que adquirirá una condición perenne, no producto del talento de quienes más tienen, sino de su indiferencia.

Twitter: @jorgesuarezv

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