Opinión

Desigualdad de género

 
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Mujeres. (Cuartoscuro)

Hay días que celebran diferentes profesiones –el 6 de noviembre es el Día del Economista–, días en los que se intenta hacer conciencia sobre ciertas enfermedades –el 8 de septiembre es el Día Mundial de la Fibrosis Quística– y días en los que se pretende poner en la agenda temas de interés internacional –el 22 de marzo es el Día Mundial del Agua–. A menos que el objetivo sea meramente comercial, como el Día del Amor y la Amistad y el Día de las Madres, dudo de la utilidad de estos días conmemorativos. Sin embargo, cumplen un pequeño propósito: ponen en el radar algunos temas, aunque sea de forma temporal.

Ayer, 8 de marzo, se conmemoró el Día Internacional de la Mujer.

Como cada año, nos llenamos de estadísticas que muestran que en prácticamente todos los ámbitos hay desigualdad de género. En el reporte Women at Work: Trends 2016, la Organización Mundial del Trabajo analiza datos de 178 países y concluye que la desigualdad entre hombres y mujeres sigue existiendo en prácticamente todo el espectro del mercado laboral.

Algunos números. En el mundo, 38 por ciento de las mujeres y 36 por ciento de los hombres no contribuyen a ningún esquema de seguridad social. Hoy en día hay en el mundo 200 millones de mujeres mayores de 65 años que no reciben ninguna pensión ni esquema de seguridad social.

Hay 115 millones de hombres en esta misma situación. En todas las economías, las mujeres trabajan más, tanto en empleo remunerado como en trabajo sin paga.

Es un fenómeno que prevalece tanto en economías desarrolladas como en economías emergentes.

En general, las mujeres realizan dos veces y medio más trabajo en el hogar que los hombres, aunque de forma más acentuada en los países en vías de desarrollo.

La proporción de mujeres que recibe una pensión es 10.6 puntos porcentuales menor que la de los hombres, aunque las mujeres viven cinco años más en promedio.

En México, las mujeres tienen 78 años de esperanza de vida y los hombres 73. Para el mismo trabajo, las mujeres ganan 77 por ciento de lo que perciben los hombres; es decir, por la misma actividad realizada, por cada dólar o peso que los hombres ganan como ingreso laboral, las mujeres ganan 77 centavos.

Existe un rezago de siglos, un rezago histórico, en la forma en la que las mujeres participan en el mercado laboral. Pero los avances en las últimas décadas han sido sustanciales. Las actividades a las que se podrían haber dedicado mis abuelas, son sustancialmente diferentes a las que me puedo dedicar yo.

No pretendo que exista la igualdad de género. Creo que hay diferencias intrínsecas relacionadas con la crianza de los hijos que cambian radicalmente el papel de las mujeres y de los hombres en el mercado laboral. Haciendo caso a estas diferencias, deberían existir políticas públicas que permitieran no sólo la incorporación, sino la permanencia de las mujeres en el mercado laboral. ¿Cómo puede regresar a trabajar una mamá un turno de ocho horas diarias con un bebé de un mes? ¿Cómo puede una mujer trabajar si sus hijos salen del kinder a mediodía? ¿Cómo hacer compatible la vida laboral y la vida escolar de los hijos?

No hay respuestas sencillas ni solución mágica. Pero sí hay opciones. El gobierno y el sector privado juegan un papel importante. Pueden cambiar la forma en la que las mujeres trabajan. Los esquemas son muchos, pero básicamente todos están relacionados con la flexibilidad del mercado laboral, horarios maleables y facilidad para trabajar de forma no presencial.

Las mujeres representan más de la mitad de la población. No podemos pensar en un país que crezca, en todos los sentidos, sin incluir a las mujeres. En términos económicos, estamos desperdiciando un recurso enorme; en términos humanos, es profundamente injusto que la mitad de la población carezca de condiciones que les permitan desarrollar su potencial. El talento se distribuye de forma aleatoria entre las poblaciones.

No pretendo que haya igualdad de género, doy por hecho que no la hay. Pero sí quiero igualdad de oportunidades.

Que las mujeres decidan por sí mismas lo que quieren estudiar y a lo que se quieren dedicar, que ellas decidan si quieren estudiar ingeniería o nutrición; que ellas decidan si quieren hacer números o quedarse en su casa. Pero que lo decidan ellas. Nadie más.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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