Opinión

Deshonestidad intelectual en Gran Bretaña

La declaración de otoño del ministro británico de Hacienda, George Osborne, que establece los supuestos planes fiscales del gobierno del Primer Ministro David Cameron, ha provocado una buena reacción de incredulidad entre los comentaristas.

No importa la macroeconomía: los planes consideran agudos recortes en el gasto público que presuntamente tendrán efectos devastadores en los servicios públicos, pero sin detalles.

“¿A qué diablos está jugando?”, se preguntó el economista Chris Dillow en una reciente nota en su blog.

La respuesta es evidente para el que haya estado poniendo atención de este lado del Atlántico. Osborne está jugando a ser el representante Paul Ryan, presidente republicano del Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Es exactamente el mismo guión: declarar, con frecuencia y a toda voz, que estamos profundamente preocupados por el déficit, presentando al mismo tiempo propuestas presupuestales cuyos elementos concretos implican arremeter contra la ayuda a los pobres y bajarles los impuestos a los ricos, lo que ayuda muy poco a reducir el déficit (o, en el caso de la propuesta de Ryan, de hecho lo aumentaría).

Mientras tanto, seguimos declarando que se está reduciendo el déficit, pues efectuamos enormes recortes en el gasto sin ninguna explicación de que van a significar ni de cómo se van a llevar a cabo.

Y, ¿cuál es el objetivo?

Básicamente se trata de una guerra al estado asistencial. Los inverosímiles recortes en el gasto son solo para engañar a la “gente muy seria” (o a la que el economista Simon Wren-Lewis, que está de acuerdo con mi análisis, llama “mediamacro”) para que crea que realmente se está reduciendo el déficit.