Opinión

Desesperación

   
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Elecciones 2015

Pues acaba de ocurrir el único éxito de la policía estatal de Tamaulipas, al que asistió de inmediato el gobernador del estado, conocido ahí por fotografías, dada su pertinaz ausencia. El futbolista Alan Pulido fue secuestrado (según se informó) el domingo por la tarde-noche, pero antes del amanecer del lunes ya había sido liberado, en ese primer éxito en seis años, por pura coincidencia, a menos de una semana de la elección en Tamaulipas que, según encuestas, el partido del gobernador, el PRI, va perdiendo.

Las encuestas que aparecen en estos días anuncian elecciones cerradas en muchas entidades, que por esa pequeña diferencia son susceptibles de ser modificadas con cualquier noticia, real o inventada, que sea suficientemente espectacular: alguna grabación guardada, una foto, un video, o un sorprendente éxito policial o administrativo. Debido a ello, y a lo extraño del caso del señor Pulido, no me extrañaría que fuese un caso armado para obtener esos dos o tres puntitos que le permitan a Egidio Torre evitar la derrota de su partido en Tamaulipas, por primera ocasión en la historia.

EL FINANCIERO reportó ayer que la elección en Veracruz está igual de cerrada, aunque en este caso hay un cercano tercer competidor. Puesto que la diferencia entre los dos Yunes es inferior al margen de error, habría que suponer un empate, y sólo la votación podrá decirnos el ganador. La mala fama del candidato del PAN le ha hecho perder una cómoda ventaja inicial, según la misma encuesta, muy lógica considerando la calidad del actual gobernador, del que ya hablamos la semana pasada. En Zacatecas, el PRI sigue con ventaja, dice El Universal, pero en ese caso en competencia con Morena (o realmente Monreal), seguidos de lejos por la alianza PAN-PRD. No sería extraño tampoco en estas entidades recibir noticias espectaculares desde esos estados.

No pretendo volver a comentar los resultados de las encuestas, que en dos ocasiones ya analizamos, una de ellas hace poco, sino hacer énfasis en cómo la desesperación por una potencial derrota puede llevar a los gobiernos (o a los partidos de oposición) a actuar de forma irresponsable. No sé si sea el caso de Tamaulipas, que como le digo parece muy extraño, pero sin duda ha sido una constante en las campañas el uso de ataques, no siempre legales, enfatizando las fallas de carácter de los contrincantes.

Las campañas son para eso, para poner en tela de juicio a los candidatos, sus partidos, los grupos que los apoyan, sus familias, no sólo en lo relacionado con la administración, sino con su vida diaria. Para muchos, esto no está bien, porque la vida privada debería separarse, pero eso no es tan claro. Para los servicios de inteligencia, esas fallas de la vida diaria, que ellos llaman “vulnerabilidades”, son oro molido. Un gobernador que consume alcohol en exceso, o drogas ilegales, es fácilmente sujeto de chantaje, por poner un ejemplo, de forma que a los ciudadanos nos interesa saber si ése puede ser el caso con alguien a quien elegiremos. Y si hay hermanos, o cónyuges, o hijos que sufren del mismo mal, o que actúan de forma irresponsable, eso también es relevante en la decisión.

Por eso las campañas negativas no son algo malo, sino al contrario. Y por eso mismo la reforma electoral de 2007-2008 me parece que fue un gran retroceso. En lugar de continuar con la liberalización de la política que iniciamos en 1996, regresamos a la visión paternalista del Estado, que limita quiénes pueden opinar en medios y qué pueden decir de los candidatos. No olvidemos que eso fue en respuesta al perdedor que se quejó de que hablaron mal de él, el que ahora acusa de rateros a unos, y de ladrones a otros.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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