Opinión

Desequilibrio regional y política pública

 
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CDMX

Por Nora C. Ampudia Márquez, Coautor de Ponencia IMEF 2016.

En el primer capítulo de la Ponencia IMEF 2016 titulada “Inversión y visión, pilares del crecimiento” se plantea que las diferencias existentes entre localidades, ciudades pequeñas, medias, grandes y megalópolis se reproducen así mismas debido a la debilidad institucional de los municipios y a la concentración de poder económico, social y político en las grandes áreas urbanas.

En dicha investigación se indica que el peso de la problemática económica en las megalópolis y grandes ciudades se convierte en prioridad a nivel estatal y federal lo que encausa la política pública para resolver dichos problemas desviando recursos que podrían destinarse a fortalecer a las pequeñas localidades, ciudades pequeñas y medianas, de forma que puedan retener a la población, aprovechar sus recursos productivos, atraer inversión y generar un mayor equilibrio espacial, económico, político y social a nivel regional.

El Banco Mundial establece que las áreas urbanas son el núcleo del crecimiento económico y del desarrollo humano, generan el 70% del PIB mundial y concentran el 50% del total de la población. Cada año se agregan 70 millones de nuevos habitantes urbanos, por lo que en 2030, los países en desarrollo tendrán el 80% de la población urbana mundial, pero para generar un mayor crecimiento económico y un menor conflicto social dicho desarrollo debe ser equilibrado, equitativo, inclusivo y enfocado en el “bien-estar” de las personas.

En 2010, nuestro país contaba con 384 áreas urbanas, en las que se concentró poco más el 70% de la población del país y se generó el 85% del PIB nacional, tan sólo en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se concentró más del 39 por ciento del PIB y más del 25 por ciento de la población.

Hoy día, los centros urbanos crecen más en extensión que en población y a mayor tamaño del área metropolitana, mayor fuerza de atracción y despoblamiento de regiones relativamente cercanas. En el caso de México, en los últimos 40 años la expansión territorial de las ciudades ha cuadruplicado el crecimiento de la población total y triplicado el de la población urbana.

Resolver el desequilibrio urbano-rural y urbano-urbano requiere de la cooperación institucional, no solo entre instancias públicas y los diferentes niveles de gobierno, sino también con el apoyo del sector empresarial, obrero, campesino y civil, y desde su base social más importante: el municipio, a quien debe empoderarse mediante la capacitación en planeación para el desarrollo, finanzas públicas, administración, contabilidad y negociación política para evitar que las debilidades administrativas se conviertan en debilidades económicas.

Las investigaciones demuestran que los países con grandes desigualdades interregionales e interurbanas tienden a una inflación y tasas de desempleo elevadas mientras que los países con alto ingreso per-cápita tienen menores diferencias regionales y urbanas, ello es una motivación más para buscar un mayor equilibrio espacial.

Es de conocimiento común que todo aquello que no se mide, no puede mejorarse. En el caso concreto de nuestro país, se carece por completo de bases de datos económicos y sociales desglosados a nivel municipal. Sin estadísticas completas y estandarizadas a nivel municipal, seguirá siendo muy complicado el aterrizar estrategias y planes de coordinación en los que se involucren exitosamente a los distintos niveles de gobierno sub-nacionales.

Para una mayor profundización del tema, puede consultarse la Ponencia IMEF 2016, máxima investigación anual del Instituto. Informes en www.imef.org.mx

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