Opinión

Muy costoso, el desconocimiento de
los mercados

 
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Uber

Por desgracia es frecuente ver que personas con grandes responsabilidades toman decisiones con desconocimiento de cómo operan los mercados y el impacto que tienen sus decisiones. Esto ocurre tanto en el sector privado como en el público, aunque en el primer caso el costo de la mayoría de los errores recae en las mismas personas o en las empresas, mientras que en el caso del sector público el costo recae en el resto de la sociedad, por lo que es frecuente que llegue a impactar a miles o millones de personas.

Es frecuente creer que basta con el nombramiento de algún funcionario en determinado puesto para que él o ella tengan las habilidades para tomar las decisiones correctas, ya que están rodeados de otros funcionarios y empleados que se supone tienen la experiencia necesaria para resolver los problemas que se le presenten. Por lo mismo, es común dar nombramientos tomando más en cuenta la lealtad, los 'compromisos políticos' o la amistad que la capacidad. Así, sorprende que en nuestro país no es obligación legal que los distintos funcionarios o legisladores tengan que presentar su currículo para aspirar a un gran número de puestos importantes, lo cual sería inconcebible en otros países.

En la práctica no basta que un funcionario ordene que baje la contaminación y la pobreza o que aumenten la producción y los salarios para que así ocurra. Sin conocimiento de cómo operan los mercados lo más probable es que suceda lo contrario, siendo el caso extremo lo que está ocurriendo en Venezuela, donde el gobierno ha tratado de elevar el nivel de vida de la población controlando los precios, expropiando empresas y nombrando amigos en puestos importantes de la administración o de la empresa petrolera.

En México tenemos numerosos ejemplos de cómo se perjudica a la población al tratarla de beneficiar  por medio de controles de precios y otros mecanismos sin tomar en cuenta cómo operan los mercados. Un caso conocido fue el decreto de “congelación de rentas” que entró en vigor en la ciudad de México en 1942, para ayudar a los inquilinos durante la Segunda Guerra Mundial, que resultó en un abandono de las propiedades por parte de los propietarios, debido a que los ingresos que obtenían eran insuficientes para sostenerlas. Esto propició que la zona céntrica de una de las ciudades más bonitas del mundo tuviera un drástico deterioro, por falta de inversión y mantenimiento, el cual no acaba de superarse en su totalidad, a pesar de que se cambió la ley hace dos décadas.

Recordemos que el sistema de precios es un muy sofisticado mecanismo para asignar los bienes y los servicios, así como para ordenar a los consumidores, oferentes y fabricantes qué consumir, qué ofrecer y cómo producirlo.

Cambios drásticos e inesperados en la oferta y en la demanda tendrán repercusiones en los precios, tanto de los insumos como de los productos y de los servicios, como ha sido el caso de los servicios de Uber cuando se cambiaron las reglas de operación del Hoy No Circula. Lo mismo sucedió con los servicios de taxis que cobraban extra por llevar a los pasajeros al inicio del nuevo esquema, pero que a diferencia de Uber, esto no quedaba registrado.

Si queremos que bajen los precios de los bienes o que suban los salarios se debe de aumentar la producción y los empleos formales para que esto ocurra, en lugar de proponer cambios de los precios por decreto. Esto ya se trató de realizar en la década de los setenta y terminamos en una crisis que destruyó a una parte de la economía nacional, situación parecida a la que tiene en la actualidad Venezuela.

Correo: 
benito.solis@solidea.com.mx

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