Opinión

Descomposición

 
1
 

 

CNTE. (Cuartoscuro)

La grave situación que enfrentan múltiples municipios de Oaxaca y en menor medida de Chiapas, cuestiona de fondo las funciones del Estado, el concepto de gobernabilidad, el ejercicio de la fuerza para proteger a la ciudadanía.

¿La defensa de la libertad de expresión, incluye el daño y perjuicio económico a cientos de comunidades? ¿La legítima lucha laboral por prestaciones o beneficios, significa asfixiar al comercio, destruir el abasto de alimentos y medicinas, perjudicar al turismo y la imagen de México en el mundo?

El Estado mexicano, expresado operativamente a través del gobierno federal y de los gobiernos estatales, se encuentra acosado y acorralado ante el desafío de la insurgencia sindical. La lucha disidente para derogar la reforma educativa –incluso ese punto pudiera ser discutible– ha alcanzado niveles de movilización urbana muy cercana a la guerrilla y al pandillerismo. Esa lucha, esa disidencia que enmarca el enfrentamiento de una visión del pasado –privilegios, prebendas, cuotas, plazas automáticas, no evaluación, control del presupuesto, etcétera– frente a una educación imprescindible para el siglo XXI
–capacitación, concursos por mérito, evaluación de aptitudes, rendimientos escolares, desempeño profesional– no tiene punto de encuentro. Es decir, no existe materia de negociación. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y sus líderes quieren volver a la peor expresión política y sindical del siglo XX; el país, los estados, los Congresos locales y el federal, votaron por impulsar la educación al siglo XXI. Es irreconciliable.

El movimiento magisterial se ha radicalizado. Ha alcanzado expresiones de lucha 'social y política' que supera lo estrictamente docente o educativo. Ahora cantan consignas como “el gobierno va a caer” o “Peña dejará la presidencia”. Lo educativo es marginal, ahora se trata de un movimiento de insurgencia política que pretende derribar al gobierno.

Un rosario de organizaciones populares, engendros del peor PRI del siglo pasado, se han sumado a esta causa pseudoeducativa, para reclamar sus viejos beneficios. Millones de pesos en cuotas anuales pagados bajo la extorsión por evitar paros, bloqueos, conflictos. Ese fue el sistema que ahora, a este 'nuevo PRI' le estalla en la cara. Es como si su propio pasado los persiguiera para devorarlos (Cronos devorando a sus hijos). El PRI de las reformas, el PRI de Peña que quiere un salto al futuro, es anclado, encarcelado, extorsionado por el viejo PRI del siglo XX.

La movilización ganó a su campeón político en Andrés Manuel López Obrador. En el momento en que AMLO los cobija y les brinda apoyo, se integra un frente de lucha político-electoral, ideológica, donde lo educativo es mero pretexto. Los triquis, los del Frente Amplio, los de la Organización Indígena Binacional, los Agrario Zapatistas, todas estas agrupaciones vieron estrangulados sus ingresos cuando el IEEPO pasó a manos del estado, retirado a la CNTE. Su único futuro es 'colgarse' de un líder político que les prometa cobijo y recursos una vez que llegue al poder, esto es, al costo que sea.

No importan las comunidades en Oaxaca o Chiapas sin suministro de alimentos, sin abasto de medicinas, sin gasolina, sin acceso a turistas, como Huatulco. En entrevistas radiofónicas de esta semana, uno de los líderes de la CNTE le declaró a Ciro Gómez Leyva: “el pueblo ya entendió que es el precio que hay que pagar”. ¿Perdón? ¿Quién decidió qué sobre cuál pueblo?

El Estado mexicano, ese que tanto Gabino Cué como Manuel Velasco insisten en señalar que no es fallido, enfrentan hoy el mayor desafío de su historia. Todos esperan con los brazos cruzados la acción del gobierno federal. Ellos han sido sobradamente incapaces de desarticular el conflicto, neutralizar los daños al comercio, al turismo, a la interrupción criminal del flujo económico. Oaxaca será sacrificada porque estos próceres de la patria y de los derechos laborales así lo han decidido.

Hace mal Andrés Manuel en construir y defender esta alianza peligrosa y de resultado impredecible. Equivoca el cálculo electoral y su tradicional defensa de los marginados y desvalidos, al apoyar a un movimiento a toda costa delincuencial, con graves expresiones fascistas como la trasquila a maestros o la humillación pública a policías. Si está obsesionado por decirle al electorado mexicano que “no es un peligro para México”, su asociación con estas bandas transmite el mensaje contrario. Es un peligro para México tener un movimiento pseudosindical que bloquea la economía, que aplasta los derechos del prójimo, que extorsiona a la autoridad, que quema, vandaliza, destruye, roba y provoca con el estratégico propósito de causar caos, disparar al aire, sumar dos o seis muertos a la mesa de negociaciones y señalar a la Policía como presunta responsable. Es un peligro la radicalización de grupos sin comando ni liderazgo que actúan sin mesura ni prudencia.

Si Andrés Manuel desea apelar a un extendido voto en 2018, deberá deslindarse de esta violencia, condenar el comportamiento irresponsable de grupos que han bloqueado más de 30 carreteras en los últimos días, que han asfixiado comunidades que están al borde del desabasto y retirar su respaldo a una CNTE delincuencial y extorsionadora.

Al gobierno federal, al secretario Osorio Chong, al gabinete de Seguridad, al Cisen y finalmente al presidente Peña Nieto, les corresponde señores, hacer su trabajo: resguardar el Estado de derecho, proteger a la población civil, detener y arrestar a los delincuentes, a los provocadores, a quienes excusados en el Fuenteovejuna, trasquilan, golpean, maltratan, bañan con gasolina y amenazan con cerillos. Su responsabilidad es intransferible. Su acción debe ser inmediata.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Los aciertos de Beltrones
Brexit, cuenta regresiva
“Esto no es chavismo, es anarquía”