Opinión

Descartan un envenenamiento de Boris Berezovsky


 
 
La policía británica descartó ayer el asesinato de Boris Abramovich Berezovsky, el oligarca ruso que se transformó en un duro critico de Vladimir Putin hallado muerto el sábado en su residencia de Ascot, a 40 kilómetros de Londres, si bien mantiene abierta la averiguación y considera al deceso como 'inexplicable'.
 
Pendiente el resultado de la autopsia al profesor de matemáticas de 67 años que se enriqueció en el régimen de Boris Yeltsin, tras el fin de la Unión Soviética, "el equipo investigador prepara un panorama de los últimos días de Berezovsky, hablando con sus amigos y familiares para entender mejor su mentalidad", explicó a AP el inspector detective en jefe Kevin Brown, y es que el magnate se habría deprimido al tambalearse en la bancarrota, además de sufrir un revés judicial ante otro beneficiario del capitalismo mafioso instaurado en Rusia, Roman Abramovich, dueño del club de futbol inglés Chelsea.
 
Un asistente encontró el cuerpo de Berezovsky encerrado en el baño de la mansión campestre y horas después equipos especializados de la policía en material químico, biológico y nuclear rastrearon el lugar, ya que el Kremlin estaría detrás de los envenenamientos del mandatario ucraniano, Victor Yushchenko y de la periodista rusa Anna Politkovskaya en 2004, así como del disidente Alexander Litvinenko, quien falleció en Londres víctima del polonio o del talio radiactivo, un metal pesado que se emplea como insecticida y que habría sido vertido en el sushi que comió en Piccadilly mientras estudiaba una lista de blancos de la inteligencia rusa, en la que paradójicamente aparecía, con Mario Scaramella, experto italiano en espionaje.
 
De hecho, reportó The Guardian, tan quebrado se hallaba Berezovsky que dejaría de pagar a los abogados de Marina, la viuda de Litvinenko -a quien Moscú ordenó asesinar al magnate-, para las pesquisas oficiales que a partir de octubre buscarán confirmar que el exsubcomandante del Servicio Federal de Seguridad (FSB, sucesor del KGB), fue envenenado por dos antiguos colegas enviados a Londres por Putin.
 
Moscovita
 
Nacido en Moscú en 1946 en el seno de una familia judía, Berezovsky llegó a disfrutar una fortuna de 850 millones de libras, después de que en los tiempos de la perestroika de Mijaíl Gorbachov perpetrara fraude en la exportación de autos Lada. Sobrevivió a varios atentados de la mafia, incluyendo el estallido de un carro bomba que decapitó a su chofer, y puso sus diarios y su cadena ORT de televisión del lado de Yeltsin para su reelección en 1996, ganandose el favor de su hija, Tatiana Dyachenko.
 
Ayudó a terminar la primera guerra ruso-chechena de 1994-96 que humilló al antiguo Ejército Rojo, pero se habría equivocado al apoyar a Putin, entonces titular del FSB, como sucesor del enfermo Yeltsin. Igual que otros oligarcas como Vladimir Gusinsky, barón de los medios que empezó el éxodo de Moscú -sigue encarcelado Mijaíl Jodorkovsky, exmandamás de la petrolera Yukos-, perdió influencia y se le presentaron cargos por el desfalco de Aeroflot. Berezovsky se afincó en Londres en 2001 y la decisión de brindarle asilo político dos años más tarde provocó la ira del Kremlin, que demandaba al premier Tony Blair su extradición.
 
Sus primeros años en Gran Bretaña fueron muy belicosos, hasta el grado de presumir que complotaba para 'una nueva revolución', pues en Rusia no podría haber cambio 'sin fuerza y sin presión'. Sin embargo, acumuló costosos reveses, como su divorcio de Galina Besharova por 73 millones de dólares y, en 2012, el fallo que le obligó a pagar 53 millones a Abramovich, quien había sido acusado por Berezovsky de chantajearlo para vender a precio regalado sus acciones en el grupo petrolero Sibneft.
 
Apenas la semana pasada, The Times aseguró que Berezovsky tuvo que vender un retrato de Lenin pintado por Andy Warhol; el Kremlin indicó que hace 2meses le escribió a Putin, pidiéndole regresar a Rusia arrepentido por 'errores previos'; esta última versión la comparte Ilya Zhegulev, reportero de la edición rusa de Forbes, quien sostiene que habló con el opositor un día antes de su muerte, para escucharlo recalcar que de manera 'idealista', había imaginado que 'era posible construir una Rusia democrática'.