Opinión

Desaceleración económica: implicaciones, expectativa y espacio de política


 
Para aquellos asiduos a las regularidades empíricas, casa vez que la tasa anualizada de crecimiento de la economía mexicana ha reportado una variación negativa desde 1993 (como en el segundo trimestre de este año), el 40% de las ocasiones nos encontramos en una recesión.
 
Recordemos algunas cifras. El PIB del segundo trimestre de este año reportó un avance anual de 1.5%. El cual, al tomar en cuenta los factores de días laborales y de festividades móviles (semana santa), se ubicó solamente en 0.3%. En términos marginales, el avance trimestral fue de 2.2%, aunque al ajustar por efectos estacionales y de calendario resultó en -0.7%. La tasa trimestral anualizada se ubicó en -2.9%.
 
Así, al tomar en cuenta que la variación trimestral del primer trimestre fue de 0%, el desempeño del PIB se acercó bastante a una de las definiciones más populares de recesión: al menos dos cifras de crecimiento trimestral en terreno negativo.
 
No obstante, el nuestro no es un escenario recesivo. Es un escenario de desaceleración económica que, aunque más profunda de la que todos anticipábamos (donde el cambio de año base y revisiones a series parece haber tenido mucho que ver), podría mostrar un repunte tan pronto como durante esta segunda mitad de este año –aunque más moderado que lo esperado.
 
Lo que ya es prácticamente un hecho es que el decepcionante avance económico del primer semestre ya ha colocado a la brecha de producto en terreno negativo, interrumpiendo así la incipiente fase de expansión cíclica de la economía local (todavía presente hasta finales del año pasado).
 
¿Cuáles son los factores que pensamos jugaran a favor de un repunte en los meses siguientes? Destacarían (y matizaría) al menos dos.
 
Primero, anticipamos un repunte en la actividad manufacturera estadounidense desde ritmos de avance anual de 2.4% y 1.8% en los primeros dos trimestres del año hacia un repunte de 2.4% y 2.9% en los últimos dos. Aunque moderados, pienso que sentarían una firme base para el repunte local.
 
Segundo, el ejercicio del gasto gubernamental coadyuvaría a estimular la actividad local tras los adversos efectos asociados a su subejercicio durante el primer semestre. Sin embargo, es justo también el matizar su alcance al recordar que en términos de programación, el gasto sería inferior al del año anterior.
 
¿Existe espacio de política económica para atemperar la actual desaceleración?
 
Tanto en términos de política monetaria como fiscal podría existir el espacio, aunque las variables de ajuste serían el nivel de la tasa de fondeo (menor) y la deuda (mayor) respectivamente.
 
No obstante, valdría la pena recordar que las acciones de política económica toman tiempo en reflejarse en la economía. Así, si consideramos que el presente es solo un bache y que en el escenario central existen razones para anticipar un repunte en el crecimiento económico en esta segunda mitad del año y en el 2014 que nos lleve de nuevo hacia nuestro nivel potencial, la urgencia de acciones de política descendería.
 
Por lo pronto, a pesar de que posiblemente Banxico adopte un tono más acomodaticio en su próxima reunión de política monetaria, el 6 de septiembre, un recorte al nivel del fondeo no sería la clara respuesta a la coyuntura. Lo anterior debido a que subsiste la incertidumbre ante la posible desaceleración de las compras de la Fed, la asociada a una posible reforma fiscal y su impacto inflacionario, la perspectiva de repunte económico y el hecho de que la política monetaria tiene un horizonte de efectividad cercano a 18 meses.
 
En este contexto, los riesgos parecen estar inclinados hacia un avance económico inferior al 2%. Lo anterior demanda una postura cautelosa y de consideración cuidadosa de supuestos para el futuro cercano.
 
Subdirector de estudios macroeconómicos y de mercados en la Dirección de Estudios Económicos de Banamex. Las opiniones expuestas son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la visión de Banamex.
 
Twitter: @joelvirgen