Opinión

¿Derogar la reforma educativa?

 
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CNTE. (Eladio Ortiz)

El conflicto cuando chocan intereses de un grupo social con los intereses colectivos es clásico. Durante años en México nos hemos quejado, por ejemplo, de que las autoridades gubernamentales se inclinan dócilmente ante los intereses de los empresarios.

Un conflicto análogo es el que plantea la CNTE al pedir la “derogación” de la reforma educativa. Escúchese bien: derogación. Cuando piden eso, uno se pregunta si los líderes de la CNTE conocen realmente los términos de la reforma y las leyes que la sustentan.

Porque la reforma educativa comprende muchos elementos. ¿Qué es para la CNTE la reforma educativa? Se puede deducir que reforma educativa es igual a evaluación. ¿Lo que quieren los líderes de la Coordinadora es eliminar la evaluación como instrumento para el otorgamiento de plazas, para la promoción a puestos de director y supervisor, para al reconocimiento y para la permanencia?

¿Es que la Coordinadora quiere regresar al orden que se creó en el siglo XX en donde las plazas se vendían, se heredaban, se rentaban, del mismo modo que a la dirección de las escuelas sólo llegaban quienes previamente habían rendido obediencia al líder sindical en turno?

¿Acaso la Coordinadora está defendiendo la administración corrupta de la carrera magisterial? Esto significaría que nada queda de la CNTE original, que la organización ha sido realmente copada por sujetos sin escrúpulos.

Ojala esto no sea cierto pues, de otra manera, se estaría creando un conflicto (artificial) entre los intereses del magisterio y los intereses de la sociedad. La sociedad mexicana no acepta corrupción en la esfera educativa, porque aceptarlo sería, sin ambages, poner en peligro la educación de sus hijos.

Lo que procede, en todo caso, es revisar la reforma educativa en lo concerniente al servicio profesional docente, identificar sus fallos y, si es el caso, los aspectos del sistema que los maestros juzgan que son injustos. Pero derogar la reforma educativa significa, ni más ni menos, arrojar a la calle al niño junto con la bañera del agua sucia.

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