Opinión

Derechos humanos

A Gil se le había quedado en el tintero el asunto del titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Gil lo leyó en su periódico Reforma y lo guardó como oro molido. Games abrió el cajón y esparció el polvo dorado. Raúl Plascencia Villanueva ha inaugurado un busto, un auditorio y cátedras universitarias que llevan su propio nombre. No es para menos, se dice mucho que Plascencia es el Desmond Tutu de estos rumbos; también se le conoce como el Mandela de los pobres, gran defensor de los menesterosos. Gilga no se dio de topes contra el muro norte del amplísimo estudio pues sabe que nadie es imposible. Y Plascencia no es imposible.

Oigan esto: el Salón de usos múltiples de la Comisión de Derechos Humanos de Puebla lleva el nombre de nuestro prócer. En la develación de la placa, cuenta Garduño, estuvieron presentes el gobernador Moreno Valle y, claro, Raúl Plascencia. Caracho, como diría el clásico: aquí el más chimuelo masca rieles.

La cátedra

La Escuela Libre de Derecho de Puebla ofrece la cátedra que lleva el nombre de Raúl Plascencia. El abogado Plascencia se desempeña además en esa casa de estudios como profesor honoris causa y docente de posgrado. Pas mal. Oigan esto: voy al aula Plascencia a impartir la cátedra Plascencia y por si no lo sabían, me apellido Plascencia. Gil exige una cátedra prima en el amplísimo estudio: uno hasta el fondo. “Por acuerdo del Consejo de Directores de la Escuela Libre de Derecho de Puebla y por la trayectoria y desempeño en el ámbito de los derechos humanos, a partir del ciclo escolar 2013-2014, la conferencia inaugural de cada ciclo escolar en dicha institución llevará el nombre de Cátedra Prima Raúl Plascencia Villanueva”. Definitivamente nos hemos vuelto locos.

Si la lectora y el lector buscan algunos momentos culminantes de la vida de Plascencia, encontrarán que fue el mejor promedio de su generación en la Universidad Autónoma de Baja California, felicidades, y que ha publicado más 150 artículos doctrinales, perfecto, y que ha escrito obras sobre el delito; el abogado no puede ver a Gil, pero está de rodillas. Ah, la modestia; ah, la inmodestia: la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana campus DF inauguró una cátedra para los alumnos del noveno semestre, ¿quién la dictará? Adivinaron: Plascencia, ¿quién más?

El busto

En honor a la verdad (fórmula muy original y de gran intensidad prosística), este pequeño asunto de la vida pública no pasaría de ser un capítulo más o menos chusco de ambición académica y chabacanería cultural si el personaje no fuera el Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, comisión que todo mundo ignora a qué hora atiende el titular si va de cátedra en cátedra.

Pero todo esto no es nada. La nota de Silvia Garduño cuenta que el 18 de octubre de 2012 fue inaugurado en el Instituto Superior de Derechos Humanos Raúl Plascencia y el ombudsman de cuerpo presente y a todo color develó su propio busto. Como lo oyen la lectora y el lector, el abogado develó una efigie de su persona. No sólo nos hemos vuelto locos, permitimos la locura megalómana de un modesto abogado que ni fu ni fa.

Gil no quisiera ponerse pesado, pero que alguien le responda, ¿a quién le rinde cuentas el Presidente de la Comisión de Derechos Humanos? ¿A Nadie, a todos, a Dios, al Papa, al Congreso? El abogado Placencia nació en Tijuana y ocupa desde el año 2009 la presidencia de la Comisión. Desde entonces dedica sus esfuerzos a autopromocionarse frenéticamente.

Gil quiere unirse al cubetazo con el ice buckett challenge, pero con Glenfiddich.

¿Se podrá? Que alguien le responda a Gamés. ¿Nadie? Nos vemos mañana, pero en público, ¿o cómo era?

La máxima de Chamfort espetó en el ático de las frases célebres: “La modestia es la más inocentes de las mentiras”.

Gil s’en va