Opinión

Derechos humanos

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba en los derechos humanos. La crisis de Iguala no daba tregua. Los cuerpos de las tumbas clandestinas no son los de los normalistas de Ayotzinapa. Gran noticia, pero pequeño problema: tenemos decenas de muertos sin identidad, cadáveres de los cuales no teníamos noticia. ¿El gobernador Aguirre de plácemes? Caracho, Julián Andrade tituló así su artículo en su periódico La Razón: “Iguala, tumba clandestina”. Terrible, pero correcto. El gobierno, los gobiernos, o como se diga, la tercera ciudad más importante de Guerrero es una tierra sin más ley que el crimen. Van a perdonar la poesía: uta, no manchen, qué poca madre.

Ahora mal: Gil no trepida (gran verbo) en afirmar que algo falta en la fotografía de la crisis de Iguala, lugar en el cual han desaparecido muchas personas y donde al parecer han ocurrido crímenes terribles. ¿Qué falta? Con la pena, Gamés lo dirá de golpe: falta la Comisión Nacional de Derechos Humanos. A Gilga le parece que estamos ante el gran momento de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Otro pequeño problema: el señor Plascencia quiere todo, menos problemas. El 6 de octubre, día al menos terrible en el mundo de Guerrero, el señor Plascencia fue condecorado con una medalla de Taiwán, lugar al que Raúl viajó sin empacho (gran verbo).

Costos

Su periódico El Universal ha documentado que en cuatro años la Comisión incrementó su presupuesto en 55 por ciento. A pesar de contar con mayores recursos, existe más de un centenar de casos en los cuales ha tardado más de un año y medio en resolver una queja. Según la nota de Liliana Alcántara, organizaciones civiles critican el trabajo del organismo y aseguran que hay dilación (gran palabra) y falta de resultados. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y meditó: mil 406 millones de pesos, presupuesto de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y no tenemos visitadores y una postura seria en el caso de Iguala. Uta.

No tenemos una postura seria porque el señor Plascencia va y viene por el mundo y le importan un cacahuate los derechos humanos. ¿Hablan de una botana? Tenemos la Comisión más cara del mundo sin seguimiento de los casos más dramáticos de la vida nacional. Muy bonito, perfecto, a todo meter.

Según se ha documentado en la prensa, Gil encontró esto: Raúl Plascencia Villanueva viaja como le da su regalada gana. Así viajó el ombudsman a la conchinchina a recibir un premio cuyo título se ahorrará Gamés. El amigo Plascencia no se mide ni mide a nadie. Guerrero en llamas y él pregunta ¿qué pasa?, ¿dónde está Guerrero?, ¿en África?

Amigos

El señor Plascencia ha convertido uno de los cargos más serios e importantes de la vida pública mexicana en un puesto de arreglo para familiares y políticos afines. Su periódico Reforma afirma esto: “al menos 15 funcionarios que laboran o han laborado en la CNDH durante la gestión de Plascencia vienen de partidos políticos que lo apoyaron”. Muy bonito.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y meditó: no se le puede decir adiós al señor Plascencia. Él puede ir y venir haciendo como que hace sin que nadie lo corrija. Muy bien. Para decirle adiós a este sujeto que nada tiene que ver con los derechos humanos, al parecer se tiene que reunir a la Cámara de Diputados en pleno. A veces la democracia es una monserga.

La máxima de Mencken espetó dentro del ático de las frases célebres: “Para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y equivocada”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX