Opinión

Derechos de papel y muertos de a de veras

 
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Bala. (Cuartoscuro/Archivo)

En días pasados, se reportó en medios de comunicación nacionales que un padre de familia –Teódulo Pavía– de la comunidad de La Luz Tenexcalco, municipio de San Miguel Ahuehuetitlán, en la Mixteca oaxaqueña, había perdido la vida por exigir la apertura de la escuela de su hijo.

De acuerdo al medio local Oaxaca Político, los hechos que resultaron en la muerte del señor Pavía, padre de familia y campesino de la comunidad citada, ocurrieron el jueves 18 de agosto durante una asamblea entre padres de familia y las autoridades de la comunidad de La Luz Tenexcalco en la que se discutía y acordaba en torno al reinicio de clases el lunes 22 de agosto.

Según lo reportado por Oaxaca Político, durante la discusión en esa asamblea, había dos grupos de padres de familia. La mayoría abogando por la apertura de las escuelas, en contra de la CNTE y a favor de que maestros de la sección 59 reemplazaran a los de la sección 22 para poder abrir las escuelas. Otro grupo: a favor de los maestros de la sección 22 y en contra de abrir los planteles.

El diferendo entre ambos grupos se fue caldeando y volviendo crecientemente violento. De pronto y ya fuera de control las cosas, se escucharon algunos disparos de arma de fuego. Como resultado del enfrentamiento, Teódulo Pavía perdió la vida y otro hombre –Miguel Herrera Pérez– resultó seriamente lesionado.

Horas más tarde, se presentaron en el lugar de los hechos elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) para realizar los peritajes y el levantamiento de evidencia. Claudio Miguel Miguel, vicefiscal regional de Justicia en la Mixteca, confirmó los hechos y señaló que se llevarían a cabo las investigaciones pertinentes. Hasta el momento, no hay información pública sobre los resultados de dichas investigaciones.

¿Es aceptable el que un padre de familia pierda la vida porque quiere asegurar que su hijo pueda ir a la escuela? ¿No sería obligación y responsabilidad elemental e indeclinable de las autoridades locales y, si fuera necesario, federales, garantizar el acceso físico de los alumnos a sus planteles?

En este caso como en tantos otros, la omisión, incapacidad o negligencia de las autoridades en el cumplimiento de sus responsabilidades más básicas terminó produciendo consecuencias horrorosas. Buen signo el que más y más padres de familia exijan que el derecho a la educación de sus hijos se materialice. Pésimo signo el que, a falta de autoridades capaces o interesadas en garantizar los mínimos (por ejemplo, escuelas abiertas durante el periodo escolar o bien investigaciones policiacas y procesos judiciales que tengan algún resultado o consecuencia tangible), una confrontación entre padres de familia con posiciones divergentes termine a balazos, produzca un muerto y un herido y…la cosa se quede ahí, sin responsables, sin castigos y sin consecuencias que pudieran disuadir a otros de emprender acciones similarmente violentas.

Imagine el lector o lectora de este diario tener que arriesgar o, de plano, perder, la vida para asegurar que su hija o su hijo pudieran acceder a su escuela. Otro gallo cantara si los que leemos y escribimos en este periódico enfrentásemos situaciones semejantes. Otro muy distinto, pues imagino que nuestras voces encontrarían vías más efectivas y expeditas para ser escuchadas que las de mexicanos como el señor Teódulo Pavía.

Para los millones de pobladores de estas tierras con derechos de papel, pero sin voz y sin posibilidad de que sus agravios sean escuchados, ya no digamos, atendidos, la falta de instituciones y la incapacidad o negligencia de las autoridades para cumplir sus funciones más primarias no es tan sólo un asunto de pláticas de café o de largas sobremesas.

Para esos millones de mexicanos de carne y hueso, con preocupaciones y anhelos similares en lo fundamental a los nuestros, tan humanos y legítimos como los que nos animan a nosotros, la falta de gobierno en el sentido más fundamental puede significar y significa, lamentablemente y con frecuencia, la diferencia entre contar o no con agua, entre poder invertir en la mejora de un activo o no, y, en el extremo, entre tener que meter el cuerpo y arriesgar la vida o no en conseguir el que algún derecho fundamental se nos reconozca y se haga valer en los hechos.

Hechos como los ocurridos en la Mixteca oaxaqueña el 18 de agosto de este año se repiten, tristemente, día a día a lo largo y ancho del país.

La falta de Estado o su debilidad han producido ya demasiados muertos y demasiados heridos. Sería hora de decir basta.

Twitter:@BlancaHerediaR

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