Opinión

Deporte nacional: errar pronósticos

Cada que va a terminar un año, en México comenzamos a escuchar a los funcionarios del gobierno federal y a analistas económicos hacer sus predicciones sobre el crecimiento económico del año entrante, y éstas son generalmente optimistas; pero lamentablemente al paso de los meses vemos que las predicciones no se cumplen y entonces empezamos a escuchar las justificaciones del porque no creció el Producto Interno Bruto (PIB) a la tasa que habían pronosticado.

En este tenor ya se nos hace normal que cuando se realizan las correcciones a la baja en la estimación de crecimiento económico, siempre se nos trata de subir el ánimo dándonos el pronóstico de crecimiento económico del año entrante, el cual generalmente es en el sentido de que el año que viene será mejor que el actual.

Así ha ocurrido recientemente: A finales del año 2012 cuando se publicaron los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) del año 2013 y se nos dijo que en dicho año el PIB crecería 3.5 por ciento y que aumentaría 3.9 por ciento en 2014. La realidad nos resultó que el PIB creció el año pasado apenas 1.1 por ciento, cifra que se alcanzó después de múltiples recortes en la estimación oficial.

Las autoridades de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) reconocieron que el 2013 había sido un mal año, pero al publicar los CGPE 2014 se nos dijo que el PIB crecería en 2014 a una tasa del 3.9 por ciento y que se incrementaría 3.8 por ciento en el 2015. Pero la realidad nuevamente nos muestra que las cosas no van bien y que el crecimiento prometido nomás no llega.

El viernes 23 de mayo vimos cómo, después de que el INEGI publicará que el PIB creció a tasa anual 1.8 por ciento en el primer trimestre de 2014, la SHCP salió a anunciar que revisaba a la baja la perspectiva de crecimiento para todo 2014 a 2.7 por ciento, pero mantuvo intacta la estimación para el 2015 de 3.8 por ciento.

¿Se logrará el crecimiento de 2.7 por ciento para este año o habrá más recortes a la estimación? Para que se logre dicha tasa de crecimiento se necesita que el crecimiento promedio de los tres trimestres restantes del año sea de 3 por ciento. ¿Se logrará el crecimiento de 3.8 por ciento en 2015? Si las cosas siguen como hasta ahora, la respuesta es no.

La situación de los pronósticos económicos errados se parece mucho a lo que vivimos en cada Copa Mundial de Futbol, a la cual llegamos llenos de entusiasmo y esperanzados de avanzar aunque sea hasta la ronda de cuartos de final, pero por lo general el objetivo no se logra (sólo en los Mundiales de 1970 y 1986 México llegó hasta esta fase), se comienza a hablar de que el desempeño fue un fracaso, pero se nos da la esperanza de que para el siguiente Mundial llegaremos en mejores condiciones inclusive para ser campeones.

Lo mismo pasa con la situación económica: cada año tenemos la esperanza de que será mejor que el pasado, pero vemos que esto no ha sucedido. Parece que el gobierno federal piensa que simplemente creando la expectativa de crecimiento elevado, éste se dará por arte de magia. Y lamentablemente, muchos analistas no hacen bien su trabajo y secundan al gobierno federal en sus pronósticos y no son críticos de las cosas que no están funcionando en la economía nacional.

La situación de pronósticos económicos errados también la vemos en los resultados de la Encuesta de Expectativas Económicas que aplica el Banco de México a diversos analistas. Por ejemplo, en la encuesta de enero de este año señalaban que la tasa de crecimiento del PIB esperada para 2014 era de 3.4 por ciento. Y aún más, en la encuesta de junio de 2013 señalaron que esperaban que el PIB de 2013 creciera 2.84 por ciento y que en 2014 aumentará 3.93 por ciento. Como podemos ver, con poca antelación los que participan en esta encuesta se equivocan por mucho generalmente.

La realidad es que no se requería de grandes modelos econométricos para saber que la economía nacional no crecería 3.9 por ciento este año, ya que resultaba evidente desde finales del año pasado que las políticas fiscal y monetarias implementadas en México son la receta que marcan los libros de texto para llevar a un país al estancamiento económico. El haber aumentado los impuestos y la recaudación fiscal inclusive por encima de la meta gubernamental, así como el tener una política monetaria astringente en aras de controlar la inflación, además de tener un desorden en las aduanas, llevan a cualquier país a bajas tasas de crecimiento de su PIB.

Como muestra de que todo lo que está sucediendo era predecible, tenemos que en un editorial escrito por su servidor, publicado el 3 de febrero de este año, y titulado “La recuperación económica que sigue sin llegar”,  advertí que no se alcanzaría la tasa de crecimiento del PIB de 3.9 por ciento que había fijado como meta la Secretaría de Hacienda.

En dicha entrega señalé que si no se hacían ajustes en la política económica nacional, en el sentido de llevar a cabo una lucha frontal en contra de la subvaluación en aduanas y contrabando, tener un tipo de cambio competitivo, y realizar un decreto presidencial que suavice el impacto negativo en la creación de empleos y la inversión empresarial por parte de la reforma fiscal, entonces México crecería este año a una tasa de sólo 2.5 por ciento. Es decir, más de tres meses antes del ajuste a la baja de la SHCP y de muchos analistas, en GAEAP ya habíamos previsto esta situación y fue simplemente en base a sentido común.

Dada la falla reiterada de los pronósticos económicos “serios”, los empresarios ya no saben a quién creerle y la imagen de los economistas se deteriora. Los empresarios no saben si invertir, ahorrar, pagar deudas, ni qué les depara el futuro. El clima de incertidumbre es muy elevado, y en el ámbito de los consumidores, su nivel de confianza sigue cayendo a tasa anual.

¿Entonces qué hacer? Hemos señalado en reiteradas ocasiones que para alcanzar elevadas tasas de crecimiento económico, México debe procurar que aumente la productividad de todas las empresas. Y esto fue precisamente lo que dijo el Director General de Industrias Ligeras de la Secretaría de Economía, Oliver Ulises Flores Parra, el pasado miércoles 21 de mayo en el discurso inaugural de la feria de la Asociación Nacional de Proveedores de la Industria del Calzado (ANPIC). Durante su mensaje, el funcionario reconoció que México vive una dualidad, por un lado hay grandes empresas que crecen en productividad año con año, pero por otro lado hay miles de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) que no logran ser más productivas y por eso están estancadas.

Nada más alejado de la realidad. Aquí el asunto es que las grandes empresas que crecen en productividad son aquellas que de alguna manera gozan de algún grado de protección del estado y se constituyen en oligopolios. Son empresas que reciben trato preferencial a la hora de negociar acuerdos comerciales (automotriz), tienen un marco legal que cierra las puertas a la competencia (sector energético, financiero, telecomunicaciones), o gozan de cualquier otro tipo de consideración por parte del estado; de manera que pueden conseguir rentas enormes a pesar de que la economía nacional esté estancada.

Así pues, el reto es hacer que las mipymes logren aumentar su productividad, para que así se sienten las bases para un crecimiento económico sostenido. ¿Y cómo lograr esto? Los libros de texto de economía mencionan que el aumento de la productividad por trabajador se logra realizando inversiones en capital productivo (maquinaria, equipo, herramienta, etc.) y capital humano (capacitación, adiestramiento, etc.). ¿Cómo hacer que las empresas logren hacer estas inversiones? Pues cuidando que las empresas generen utilidades, porque de lo contrario el proceso se vuelve muy lento, ya que muchas empresas ahora en día están más preocupadas por no desaparecer que por crecer.

De esta manera, se vuelve indispensable que haya orden en el mercado interno, y por ello insistimos tanto en que se necesita un combate frontal a la subvaluación de mercancías en las aduanas y contra el contrabando. También se requiere de una adecuación en el marco fiscal, de manera que haya incentivos para las empresas a la inversión productiva y la capacitación de su personal. Se requiere una política monetaria más flexible que genere un tipo de cambio competitivo (en torno a los 14 pesos por dólar), ya que esto impulsaría las exportaciones nacionales y limitaría importaciones subvaluadas.

Si el gobierno federal no hace nada y sigue esperando que el crecimiento se dé sólo por haber aprobado las reformas estructurales, entonces veremos cómo se sigue errando en los pronósticos económicos, y si acaso logramos un crecimiento, éste seguirá siendo mediocre, como en los últimos 20 años. Se requieren bases sólidas para crecer y eso se logra con el aumento de la productividad de las mipymes.

*Director General GAEAP.

Correo: alejandro@gaeap.com

www.gaeap.com