Opinión

Dependencia extrema

Para que las entidades federativas gasten en algo que no sea el gasto corriente, requieren forzosamente de los recursos que les transfiere el Gobierno Federal, excepto quizás el DF, que recauda más de la mitad de sus ingresos totales. La dependencia varía de entidad a entidad, algunas como Chihuahua o Baja California han llegado al 20 por ciento de ingresos propios, pero otros como Tabasco y Oaxaca apenas al tres por ciento.

Por tanto, es evidente se da una dependencia extrema respecto de las transferencias federales en los presupuestos de estados y municipios, dependencia que en el caso de los primeros rebasa el 90 por ciento en promedio. Las transferencias que reciben son de dos tipos, las no condicionadas, esto es las participaciones que reciben a cambio de dejar en suspenso facultades impositivas que cobra el gobierno federal, el cual les participa de lo recaudado; por otra parte, las condicionadas a un destino específico, con normas establecidas a nivel federal, es el caso de las aportaciones, convenios de reasignación y descentralización, así como los subsidios. El condicionado representa la tercera parte del gasto programable.

Un gran número de entidades no tienen recursos de su programa normal para inversión o gasto social, dependen fundamentalmente del dinero de las transferencias.

No tienen para gastar, porque no recaudan lo suficiente, no recaudan por que las facultades que les quedan son de un bajísimo potencial recaudatorio, pero también porque no quieren, tiran a la basura posibilidades recaudatorias por razones políticas, y apuestan todo a la “gestión de recursos”, pero olvidan que en la puja hay otras 31 entidades federativas.

Curiosamente las entidades que mejor recaudan son las que tienen comprometidos más recursos para el subsistema estatal de gasto educativo. Nuevo León aunque recaude no le sirve, porque tiene comprometidos casi todos sus ingresos propios, desde hace algunos años.