Opinión

Denominaciones de origen, herramienta subutilizada

 
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ME Tequila (Especial)

A fines de agosto pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación la declaratoria de protección a la denominación de origen (DO) del Cacao Grijalva.

Este grano se suma a los seis productos agrícolas que cuentan con esa clasificación (cafés de Chiapas y Veracruz, mango Ataulfo del Soconusco, vainilla de Papantla, chile habanero de la península de Yucatán y arroz de Morelos), a las cinco bebidas alcohólicas (tequila, mezcal, bacanora, sotol y charanda) y a tres productos artesanales (Olinalá de Guerrero, Talavera de Puebla y Tlaxcala, y ámbar de Chiapas). La DO es una región geográfica, en teoría acotada, que sirve para designar a un producto originario de dicha zona; esto es, la DO es una figura jurídica que combina elementos geográficos y naturales con procesos de elaboración de los productos para identificar su origen y características, cuyo dueño es el Estado mexicano.

Entre los supuestos beneficios de las DO están: la existencia legal de un producto 'único y de calidad'; la protección de actos de competencia desleal de 'productos engañosos'; el otorgamiento de garantías al consumidor; contar con sello de calidad; detonar cadenas productivas y generar empleos; elevar la calidad de los productos mexicanos; y representar 'símbolos de identidad nacional'. Objetivos, que no necesariamente beneficios, todos muy loables pero más aspiracionales que reales lo que se deriva de los problemas de instrumentación de las condiciones de las DO.

Un requerimiento esencial para el buen funcionamiento de las DO es que un 'consejo regulador' coordine y establezca las reglas operativas de la DO, así como que vigile su cumplimiento al interior (entre los participantes de la cadena productiva de la DO) y al exterior (protección de la DO). Actualmente en México sólo el Consejo Regulador del Tequila funciona adecuadamente para la DO, sin duda la más importante del país, que constituye el segundo producto agroindustrial de exportación, después de la cerveza, con una participación significativa en el PIB agroindustrial y genera 70 mil empleos, entre agaveros e industriales del tequila.

En otros productos no se han integrado consejos reguladores y, en algunos casos, cuando han empezado a operar se han generado disputas al interior de las cadenas productivas por su control (caso del mezcal). En este ámbito, la autoridad ha hecho muy poco por crear y desarrollar consejos fuertes y representativos con lo que, en la mayoría de los casos, las DO se utilizan como marcas registradas más que como verdaderas certificaciones de origen y de calidad, lo que no ocurre en otros países y productos (vinos del Rioja, Coñac, Champagne, quesos de diversas regiones de Francia e Italia, tequila, etcétera), donde los consejos fungen no sólo como certificadores del origen sino como administradores de la oferta y garantes de la marca. Ese vacío genera múltiples problemas: desde copias pirata de los productos (i.e. chinas), ya que no hay sector que lo denuncie ni autoridad que lo castigue, hasta 'tráfico' ilegal de insumos productivos; esto último se da incluso con el agave azul para producir tequila, que se mueve de zonas de fuera de la DO como Sinaloa hacia regiones de producción de tequila. En otros productos con DO ni siquiera se sabe qué pasa.

Otro aspecto que ha demeritado las DO en México es su ampliación geográfica, por motivos eminentemente políticos. La última fue la del mezcal durante la administración anterior para incorporar al 'corredor mezcalero' (Oaxaca, Guerrero) a Michoacán, casualmente el estado de origen del expresidente Calderón. Flaco favor se le hizo a la DO, al mezcal y al concepto de certificación geográfica de origen.

Así, a diferencia de otros países que han explotado ampliamente sus DO, en México están subutilizadas y demeritadas. Sucede lo que con el libro que publicó el IMPI (Denominaciones de Origen, Orgullo de México, febrero de 2016): precioso, informativo y con una edición espectacular pero que sirve de muy poco.

Twitter: @ruizfunes

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