Opinión

Democracia y sus enemigos

 
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Material electoral. (Instituto Nacional Electoral)

Asistimos a un momento crucial de la democracia en México, lo hacemos, no sólo porque ayer acudimos a las urnas en un clima inédito de inseguridad y violencia, así como de actos de resistencia al ejercicio democrático de votar en varias zonas del país por el hostigamiento de grupos enemigos de la democracia, sino también y admitámoslo, por la cantidad y gravedad de asuntos que evidencian la fragilidad de muchos de sus ingredientes.

Seguir con la inercia que tenemos desde hace tiempo, continuar como si nada hubiera pasado, nos llevará con certeza no sólo a una situación más difícil, sino sin rumbo. Es necesario hacer un alto para ponernos de acuerdo en el destino, definir con altura de miras la ruta y fijar los objetivos con una visión estratégica de Estado.

Sin duda en los últimos 20 años México ha tenido un avance democrático, mismo que se ha visto reflejado en varios aspectos tan importantes como contar con un organismo electoral autónomo, con problemas centralistas, sí, partidizado, sí, pero sin duda fue un avance en haberlo separado del gobierno para la organización de las elecciones, ahora en manos de consejeros ciudadanos y con la participación de los representantes de los partidos y de las cámaras del Congreso.

Tenemos una legislación en materia electoral extensa, puntual y en algunos casos extremadamente punitiva, pero es la legislación que el avance democrático y el sistema plural de representación nos han dado, buscando poner énfasis en la fiscalización del dinero que se usa en las campañas por partidos y candidatos, y amarrando las manos a servidores públicos para evitar el uso de recursos y programas con algún favoritismo partidario.

Existe un sistema de partidos políticos, oligarquizado, en no pocos casos carente de transparencia y con prácticas no tan democráticas, pero es un sistema que se va consolidando después de un largo periodo de partido hegemónico, pero admitámoslo, es a fin de cuentas un sistema que abona a la democracia como parte constituyente de ésta.

Hay flagelos en esta joven democracia, aún de baja calidad en nuestro país, ante los que no podemos cerrar los ojos ni negarlos, tales como la pobreza y la desigualdad con 54 millones de pobres, un sinnúmero de actos de corrupción y ejemplos de impunidad.

Sí, también existen y sabemos desafortunadamente de ellos casi a diario, con regiones y zonas del país dominadas por el crimen organizado, en donde el Estado es suplantado en atribuciones y facultades sustanciales como el de cobrar impuestos o dar seguridad a las personas.

Pero estos flagelos son justo el reto para que cada día trabajemos para hacer realidad el precepto constitucional de democracia; esto es lo que nos debe de hacer participar en política, construir ciudadanía a efecto de tener ciudadanos y no sólo habitantes o electores.

Pero todos los defectos y los flagelos de nuestra desnutrida democracia tenemos que transformarlos participando activamente en las reglas del juego democrático, con la tolerancia y el diálogo que posibiliten la construcción del edificio democrático que anhelamos.

No a través de la destrucción del cauce legal, pacífico y democrático, porque tan enemigos de la democracia son los grupos de poder fácticos que buscan sólo el beneficio propio o los miembros del crimen organizado que violentan el Estado de derecho y carcomen las instituciones del Estado a través de la corrupción y la violencia, como aquellos que buscan dinamitar al Estado bajo la bandera de la “lucha social” y que con la anarquía y la violencia urbana también atentan contra la democracia al negarla como forma civilizada y legal para la convivencia de los ciudadanos.

La democracia no puede ser unanimidad, ni pretende dejar contentos a todos, pero es el único sistema que la humanidad se ha dado para dirimir de una manera pacífica sus diferencias y los mexicanos no somos la excepción. 

Que tenemos el reto de mejorar la calidad de la democracia, no tengo la menor duda, pero que sólo podemos hacerlo con más democracia, también es cierto. No es atacándola, queriéndola dinamitar, como resolveremos los problemas como pretenden sus enemigos, sino perfeccionándola con sus propias reglas y valores, con una amplia participación, con ciudadanos plenos, pero en democracia y no en la anarquía.

Ojalá que de estas elecciones saquemos la agenda que nos permita con una visión estratégica de Estado ponernos de acuerdo en la ruta que nos permitirá cumplir los objetivos trazados desde el Constituyente de 1917 y hagamos de la democracia mexicana un sistema de vida y no sólo un acto mecánico, instrumental, meramente electoral. Sólo así iremos venciendo a sus enemigos.

Twitter: @SamuelAguilarS

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