Opinión

¿Democracia, partidocracia o populismo?

  
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PT y Humanista, fuera del registro como partidos políticos

Cuando analistas y estudiosos de la teoría política nos dicen que el populismo es un producto natural de un sistema que tiene serios problemas y que nos ha llevado al estancamiento político, y que en la praxis los populistas desconocen el pluralismo, plantean soluciones mesiánicas y hablan a nombre del pueblo como si el resto no fuera parte de él, sin duda que hacen referencia a un escenario nada ajeno a la realidad mexicana.

Sin que se le cite por su nombre, pues no hace falta adivinar quién de nuestros políticos encuadra dentro de esas descripciones, ni tampoco hace falta decir que bajo esa teoría de descalificación, de mentiras y engaños, ese personaje ha despertado el interés de millones de ciudadanos que sufren de pesares como la pobreza, la inseguridad, la corrupción y todo tipo de situaciones que se ven reflejadas en desánimo y malestar sociales.

En el marco del Primer Seminario Internacional para Repensar el Futuro, Ante el Reto de la era Trump, que organizó el Partido de Nueva Alianza, que dirige Luis Castro Obregón, en su segunda jornada de reflexión, denominada '¿Y sí la democracia representativa muere?', José Antonio Crespo Mendoza, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), puso el dedo en la llaga al referirse al tema y de entrada cuestiona la existencia de una democracia representativa en México, y aclara que lo que el percibe es un formato democrático, pero que no hay pluralidad.

“Hay alternancia –les dice Crespo a su atento auditorio– y esto es un gran avance de la pluralidad, algo parecido a la democracia representativa, pero más bien lo que en México tenemos es una partidocracia”.

“En un escenario de competencia entre partidos o candidatos, en la pelea de votos, lo único que logra el populismo son promesas de todo y por todo”, advierte al respecto Félix Ovejero Lucas, profesor de filosofía política de la Universidad de Barcelona, España. Agrega que a partir de los triunfos políticos de Donald Trump, en Estados Unidos, y de Emmanuel Macron, en Francia, hoy se habla de populismo como si fuera tendencia de opinión, y concluye que en política las tendencias “hay que afrontarlas”.

“¿Por qué estamos en contra del populismo?”, interroga al público la Investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, María Marván Laborde, y luego aporta elementos que describen lo se entiende como políticas populistas: se da una ridiculización de la voluntad general; surgen soluciones mesiánicas, y en ese esquema teórico la historia ha registrado controversias entre ciudades modernas y tradicionales, y en la actualidad la lucha ideológica es entre quienes defienden el nacionalismo y los que impulsan la idea producto de la globalización.

El politólogo Jorge Alcocer Villanueva, director de la revista Voz y Voto, reconoce que en política se puede hablar de populismos de derecha y de izquierda, y –sin solemnidad– en su exposición promete “investigar si hay populismo de centro”. Apunta que esta teoría puede ser utilizada para descalificar o construir, pero anticipa que ante el descontento es muy común que el populismo aparezca como depositario de la verdad, como la verdad que tanto pregona el polémico presidente estadounidense Donald Trump.

En ese contexto teórico, lo único que nos resta decir es que en el populismo no todo es malo, pues de alguna manera éste puede ser una solución y vínculo de atención a la necesidad de la gente; un populismo también puede representar políticas serias y que éstas generen oportunidades de desarrollo a las mayorías.

Ser o no ser populista, es el reto y dilema de los próximos gobiernos, y el paradigma será el cómo romper las políticas sustentadas en la mentira y el engaño. Así que nos quedamos con esa pregunta: ¿en ese sentido, México mantendrá el rumbo de la transición democrática, o se quedará en la partidocracia, o terminará arrastrado por el populismo?

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