Opinión

Democracia griega

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Tsipras, el ganador de las elecciones en Grecia. (Reuters)

Acabamos de ser testigos de un proceso electoral en donde varias lecciones se impartieron en Grecia, la cuna de la democracia.

Es emblemático, por decir lo menos, que durante varios días asistimos a la transmisión de las noticias que provenían de aquel país y la mayoría de los corresponsales tenia atrás, en la cúspide de la ciudad de Atenas, al histórico y hermoso Partenón, como para recordarnos que en ese lugar nació la civilización occidental y la democracia como sistema político, y era ahí donde se estaba escribiendo posiblemente nuevas páginas de la historia de la democracia moderna.

El triunfo del partido Syriza implica la destrucción de un sistema de partidos que había caracterizado a la Grecia moderna de la posguerra, pero a la vez también el hartazgo de los ciudadanos a las políticas económicas impuestas por la llamada Troika (FMI, UE, BCE), como resultado del rescate después de la crisis del 2008-2009, en donde vistos los resultados de pobreza, desempleo, bajo crecimiento, quiebra de empresas, entre otros, hacían parecer peor el remedio que la enfermedad.

El triunfo de Syriza, un pequeño partido hijo de la crisis, hizo añicos las viejas y pesadas estructuras partidarias y evidenció la falta de solidez ideológica y programática de sus dirigentes históricos al darse divisiones internas y el nacimiento de nuevas organizaciones partidarias producto de éstas fracturas, sin ver el fondo el origen de la crisis del sistema político, por ejemplo el Pasok el partido socialista que pasó del poder a un partido testimonial este domingo pasado.

Las implicaciones del triunfo de Syriza van más allá de Grecia, pues ponen en tensión las políticas de la Troika, y con ello dan pie a una profundización del debate sobre lo correcto de las medidas implementadas por la Unión Europea postcrisis, que a diferencia de Estados Unidos siguen sin dar resultados positivos, y por el lado estrictamente político, ponen en guardia a otros países europeos sobre la posibilidad de surgimiento de partidos políticos postcrisis con una gran carga de populismo, pero con resultados electorales muy buenos, dado el hartazgo de la población por el manejo de la crisis de parte de las élites políticas y por la corrupción de las mismas. En el caso español, PODEMOS, el partido político de moda, es un buen ejemplo de ello.

Pero por otro lado hemos visto la civilidad, el orden con el que se ha conducido el proceso electoral, y cómo en unas horas quien ha resultado triunfador ha sido ungido como primer ministro, sin más trámite que la aceptabilidad democrática del resultado de las urnas.

Largo, difícil y sin duda de pronóstico reservado será lo que sigue de este proceso político que acabamos de ver, pero aleccionador para la democracia en el mundo, tal como desde hace ya más de dos mil 500 años con Clístenes y Pericles, los griegos nos han legado los principios de una convivencia civilizada y un sistema político aún perfeccionable, pero sin duda el mejor que la humanidad se ha dado.

Twitter: @SamuelAguilarS

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