Opinión

Democracia de 'Iguales'

 
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Feria del Libro en el Zócalo

La investigación elaborada por Gerardo Esquivel publicada por Oxfam en el marco de lanzamiento de la campaña 'Iguales', la cual busca “contribuir a que los gobiernos limiten el poder de las élites y la influencia que ejercen en ellos, a fin de revertir la desigualdad económica, social y de género”, resulta sumamente interesante y se suma a las reflexiones que en varios espacios he realizado acerca de la desigualdad.

En ella se afirma la calidad de nuestra democracia, la cual soporta, según datos del documento, que sólo cuatro mexicanos sean dueños de 9.0 por ciento del PIB nacional, y que 54.4 por ciento permanezca sin esperanza en la pobreza.

El título de la investigación es por demás sugerente: 'Concentración del poder económico y político'.

Coincido con el autor en la “preocupación de la excesiva e indebida influencia de poderes económicos y políticos en la vida pública, la cual incide en el ejercicio de los derechos de los ciudadanos. La pregunta a lo anterior es obligada, ¿Servirán las reformas emanadas del Pacto por México para modificar la relación?

Para el autor la desigualdad puede revertirse a partir de la colaboración de actores políticos, sector privado y la ciudadanía, la cual considera clave para la construcción de un Estado más eficaz; sin duda, la colaboración sería entre desiguales, por lo que debemos seguir apostando por mayor y mejor ciudadanía.

Según la multicitada investigación, 1.0 por ciento de la población es dueña de 43 por ciento de la riqueza nacional, y a pesar del bajo crecimiento económico del país, siguen aumentando su riqueza, pero además también concentran el poder político, es decir las decisiones en cuanto a políticas públicas que deberían revertir la desigualdad, y en sí al propio Estado.

Me pregunto entonces: ¿puede una ciudadanía débil, sin una educación de calidad, fragmentada y en la pobreza, tener peso en esta colaboración entre actores políticos y sector privado, que en suma son un solo actor omnipotente? ¿Puede nuestra democracia otorgarle poder real a la ciudadanía?

La respuesta es que la democracia debe otorgarle poder al ciudadano frente a estos poderes, sin embargo, resulta hoy más que nunca urgente una educación en democracia, una educación para la ciudadanía. Marcel Gauchet afirma que nos encontramos ante el reto de “la democracia contra sí misma, susceptible de progresar, pero también de retroceder, una democracia mínima”.

Robusteciendo a la ciudadanía será posible ampliar la democracia; Aristóteles decía: “de nada sirven las leyes más útiles, aun ratificadas unánimemente por todo el cuerpo civil, si los ciudadanos no son entrañados y educados en el régimen”.

El reto de disminuir la desigualdad empieza y termina con la educación, México no debe retroceder en la instrumentación de la reforma, el futuro de nuestra democracia lo demanda.

Twitter: @SamuelAguilarS

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