Opinión

Democracia burguesa

 
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PRI INE. (Édgar López)

“Muchos ciudadanos tenemos claro que el sistema democrático burgués es solo más de lo mismo: muerte, fraude, robo, imposición, abuso e injusticia […] Por eso nos negamos a seguirles el juego”, escribió el historiador Felipe Echenique en la revista Proceso. Según él, “la democracia burguesa es el instrumento político de dominación y sujeción para mantener las cuotas de reproducción social en niveles cada vez más bajos” [sic]. En su edición del 8 de marzo, en la misma revista un lector escribe: “El problema real de fondo en México no es votar o no votar; el problema sustancial es que participar en las elecciones equivale a perpetuar un Estado perverso y sacrificar nuestra dignidad”.

Se oyen voces que acusan a la democracia de ser una fachada burguesa de manipulación social. Hasta hace poco lo más que se proponía era anular el voto como una medida de presión a los partidos. Sin embargo, por primera vez ha surgido el tema del boicot electoral. Los padres de Ayotzinapa han encabezado esa petición pues en su opinión la narcopolítica ha penetrado a todos los partidos y acudir a votar es elegir más de lo mismo. Un padre dijo: “En México ir a las urnas es como escoger a un violador; te van a robar y hasta matar a tus hijos, yo no votaré por eso para no legitimar a los violadores que son todos los partidos”.

En la última elección intermedia de 2009 ocurrió un fenómeno a favor del voto nulo, pero jamás una propuesta de boicotear las elecciones. En aquella ocasión se anularon 1.8 millones de votos y el fenómeno no tuvo mayor trascendencia. Se argumentó que el movimiento era contraproducente porque favorecía a los partidos, en especial al PRI, porque entre más votos anulados más predominan las estructuras de movilización de los partidos. Si el financiamiento de los partidos, por ejemplo, estuviera vinculado a la tasa de participación electoral, el movimiento podría ser relevante como medida de protesta política.

Lo notable y preocupante del movimiento de boicot de 2015 es el denuesto de los comicios como una forma para gobernarnos como sociedad, para dirimir controversias y sancionar a los gobiernos. Cuando se dice que la “democracia a mano alzada” es mejor alternativa que la democracia representativa se construyen caminos para el populismo y para el autoritarismo. La esperanza de las elecciones como vía para construir una civilización democrática empieza a mostrar algunas grietas. Por varias décadas los comicios fueron vistos como el puente hacia el pluralismo y la alternancia. Pero la creciente percepción de que todos los partidos son iguales –un dicho popular exagerado pero que refleja el ánimo social– lleva a muchos a pensar que las elecciones solo sirven para escoger a quien habrá de violarnos por los próximos años.

Cuando permea la sensación de que todo es un engaño, surge el discurso ideologizado y hasta de lucha de clases. Por ejemplo, dice Enrique González Rojo en la revista antes citada: “La práctica electoral es el mecanismo idóneo y mejor aceitado de reproducción del aparato capitalista y neoliberal que nos rige”. Y propone boicotear las elecciones en Guerrero y se pregunta si Morena participará. Si lo hace “traiciona al pueblo”. En la misma revista Felipe Echenique dice que el sistema de partidos en México “es la expresión política del régimen capitalista basado en la explotación y la muerte de la clase trabajadora y los pueblos originarios”.

Es probable que México amanezca el lunes 8 de junio con un mal sabor de boca. Que las elecciones pierdan su halo de esperanza. Que cierta apatía invada la jornada electoral. Que si el PRI gana en términos relativos se apodere una sensación de confort en el gobierno que ahonde la falta de rumbo que se respira en el ambiente.

Salvo las elecciones de gobernador que en algunas entidades serán muy competidas y pueden despertar interés y participación, las campañas de diputados federales pasarán inadvertidas sin generar un debate sobre opciones de gobierno. Los spots de los partidos difícilmente serán una vía de diálogo y contraste.

Sin embargo, si el PRI no alcanzara la mayoría absoluta –de la mano del Partido Verde y Nueva Alianza– y los otrora opositores PRD y PAN formaran una alianza en la Cámara de Diputados para contrarrestar al gobierno, entonces las elecciones podrían recuperar cierta dosis de legitimidad e interés. Lo mismo puede ocurrir en algunas entidades que pueden experimentar alternancia o mayor beligerancia de las oposiciones (en algunas el PRI lo es).

Aun con todas sus deficiencias, es fundamental proteger la celebración de los comicios. Incluso, quienes promueven la abstención o anular el voto lo hacen dentro de la vida institucional y es una forma de protesta válida. Lo que es muy riesgoso es apostar por el boicot porque no ofrece alternativa ni una vía de construcción democrática.

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