Opinión

Demasiadas armas en demasiadas manos


 
Un arma de fuego es un instrumento de muerte.
 
¿Qué puede construirse con un arma?
 
Fue hecha para destruir. Centésimas de segundos bastan.
 
Las armas han evolucionado para ser más rápidas y más devastadoras. La tecnología al servicio de la agresión.
 
Hechas para la guerra, pueden presentarse como recurso de defensa o como estandarte de paz. Me armo para defenderme de tus armas. Me armo más y mejor para asegurar que no me atacarás. Me armo para defender lo mío. Me armo para arrebatarte lo tuyo.
 
Las armas de fuego hieren vertiginosamente. No hay escapatoria. Y muchas veces no hay control. Un instante de ira puede desembocar en un homicidio. También puede hacerlo la celada que se planea meticulosamente.
 
Un arma en la mano es una posibilidad latente de violencia.
 
Hoy, en México, hay demasiadas manos armadas.
 
Muchas armas están escondidas y a escondidas se portan. No sabemos cuántas de ellas aguardan en las bodegas de la delincuencia organizada. Muchas otras no se esconden; por el contrario, se llevan a la vista. Lo hacen los integrantes de las corporaciones policiacas del Estado.
 
Un arma acompañada por un uniforme suele verse como normal. Quienes la portan tiene identidad y son responsables de su uso. Ello no garantiza que no se produzca un exceso, pero al menos existe un principio aceptado por todos. El Estado, para proteger a sus integrantes, se arma y asigna estos instrumentos a sus agentes. Nos queda esperar y exigir que estas armas, en efecto, protejan.
 
Pero hay muchas otras armas en manos anónimas.
 
Y a veces no tanto. El ejemplo más reciente: policías comunitarios de Guerrero se unen a la marcha de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG). Van armados. Asoma una señal de desafío.
 
Van de Tixtla a Chilpancingo y piden la liberación de uno de sus miembros, Nahúm Santos Bartolo, detenido el domingo por elementos federales en posesión de un arma de fuego de uso exclusivo del Ejército.
 
Y para pedir esta liberación van armados.
 
Los integrantes de la CETEG van también armados con palos y piedras, lo que de suyo es ya una amenaza. Entre ellos, van los rifles.
 
Una manifestación que tiene su origen en un debate revestido de ideas educativas, que supuestamente lucha por convicciones en pro de niñas y niños, lleva armas en sus filas.
 
Pasan a la vista de un retén del Ejército. Se pensaría que éste no puede ni debe permitirlo. La prudencia como consejera, los militares los dejan pasar.
 
Se trata de un desplante de los policías comunitarios: pueden salir de sus comunidades, donde en teoría ofrecen seguridad, y marchar armados en defensa de uno de los suyos.
 
Es una alerta. Hay focos rojos en las policías comunitarias y en los grupos de autodefensa, han dicho especialistas en seguridad.
 
Hasta ahora el gobierno observa y consiente.
 
Desconocemos su estrategia para resolver esta situación creciente y las acciones que ha previsto para contener esta ola de grupos armados.
 
Se entiende la secrecía, pero ello no impide que exijamos a la autoridad que proceda con inteligencia y tino y detenga este enrarecimiento del entorno social.
 
Demasiadas armas en demasiadas manos.
 
Que no se nos haga tarde. Lamentar, después, no servirá de nada.