Opinión

Deloire, RSF y el declive de la prensa estadounidense

A pocos sorprendió que en el índice 2013 de la libertad de prensa, elaborado por Reporteros Sin Fronteras (RSF), Estados Unidos cayera trece lugares, del puesto 33 un año antes al 46 sobre un total de 180 países, cuando una vez pasados los excesos del patrioterismo manipulado por el régimen Bush, el gobierno de Barack Obama –dice el grupo consultor de Naciones Unidas, con sede en París– se especializó en la censura con el pretexto de la “seguridad nacional” mediante el espionaje masivo.

El informe de RSF, organismo dirigido por Christophe Deloire, experiodista de la televisión francesa que trabajó en la revista Le Point, que tampoco ha eludido las críticas por ser muy duro con La Habana y Caracas, además de firmar en 2005 un sospechoso contrato con Otto Reich, enviado para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, nunca confirmado por el Capitolio y promotor del exilio cubano en Miami, cargó las tintas a EU por la cloaca que destapó Edward Snowden, pero The Nation resaltó poco antes cómo la propia prensa del país vecino abandonó “las normas periodísticas tradicionales, fallando a menudo en aportar los datos esenciales y el contexto; en hacer una distinción clara entre el reporteo y el análisis”.

Engaño

En el semanario norteamericano, Stephen F. Cohen se enfocó en la cobertura de Rusia por los Juegos Olímpicos de Invierno y las protestas antigubernamentales en Ucrania, para exhibir perlas que hablan por sí mismas: ahí está la descripción que The Wall Street Journal hizo del gobierno de Vladimir Putin –"de engaño, violencia y cinismo"–, pero también el “reportaje” de The New Republic sobre el jefe del Kremlin, que “aplastó a sus opositores y nada tiene que mostrar, excepto un país que se está derrumbando”.

Ni qué decir de The New York Review of Books, que publicó: “a través de protestas notablemente grandes y pacíficas, los ucranianos dieron un ejemplo positivo a los europeos”, cuando se vio en las pantallas el lanzamiento de bombas incendiarias contra la policía, la ocupación violenta de ministerios y la abundancia de consignas antisemitas. Cohen apunta: desde principios de siglo, los medios han seguido un discurso consistente con la política de EU, “que devalúa el análisis multifactorial por una incesante satanización de Putin”.