Opinión

Delegaciones, el patético recurso del lloriqueo

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Pablo Moctezuma. (Tomada de Twitter)

Imaginen que de repente, por azares del destino, tienen la obligación de gobernar a 415 mil personas. Que de repente les encargan los destinos de una delegación política donde vive casi medio millón de personas. Para cumplir con esa responsabilidad, dispondrán de mil 400 millones de pesos de presupuesto al año. A su favor tendrían el factor tiempo, porque entre que reciben la noticia de su encargo y el día en que tomen posesión pasarán 113 días. ¿En qué ocuparían ese periodo? ¿Con quién hablarían para conocer lo que les espera?

El sentido común indica que a cualquiera que recibiera tal encargo se le quemarían las habas para ponerse de inmediato al día sobre cómo están las cosas. Que no pasarían muchas horas antes de llamar a quien está en el cargo para invitarle un café, con el propósito de conocer de primera mano cosas urgentes e importantes sobre lo que se avecina.

Pero, ya se sabe, el sentido común no es el recurso más utilizado por los políticos. Y prueba de ello son las malogradas transiciones en varias delegaciones del Distrito Federal, en donde el recurso más utilizado por algunos de los recién llegados ha sido el del lloriqueo. En el mejor de los casos, el de publicar medias verdades.

Algo de eso ha ocurrido en Azcapotzalco, donde gobernará Pablo Moctezuma. Los datos de esa delegación son, precisamente, los mencionados al arranque de esta columna.

El GDF emitió el 30 de junio de 2015 los lineamientos para la transición en los procesos de entrega-recepción de la delegaciones. En ellos, el gobierno capitalino subrayaba que tales procedimientos eran para que el cambio de autoridades ocurriera de manera legal, transparente, eficaz, garantizando la continuidad de acciones y programas institucionales. Es decir, todo lo contrario al chismerío que hemos visto en estos 15 días que llevan las nuevas autoridades.

Esos lineamientos plantean que la transición debe comenzar apenas ocurra la entrega de constancia de mayoría de los recién electos. Eso, en este caso, fue el 11 de junio. ¿Cuántas veces se reunieron Pablo Moctezuma y Sergio Palacios, delegado saliente, antes de que el primero tomara posesión el 1 de octubre? Ni una. Cero. El primero no atendió invitación alguna para entrevistarse. Ni los oficios de Paco I. Taibo II, ni los de Julio Scherer Ibarra, ni los de dos de las personas más cercanas de AMLO sirvieron para que Moctezuma aceptara una entrevista con Palacios. Raro.

¿Será que Moctezuma (quien gobernó hace 15 años Azcapotzalco) andaba muy ocupado? Algunos dicen que en Chiapas. De ahí que escucharlo ahora en varias entrevistas decir que no le dejaron las firmas para las cuentas bancarias pues suena extraño: si no vas ni a ponerte de acuerdo sobre las chequeras, ¿a quién le tendrían que entregar las firmas sino al jefe delegacional?

En el caso de la Miguel Hidalgo pecan de lo contrario. Con el fin de no Monrealizar la transición, por aquello de pasársela quejándose un día sí y otro también en los medios, Víctor Hugo Romo y Xóchitl Gálvez instalaron una mesa especial para tratar asuntos de manera personal, además de la mesa formal de transición de sus equipos. Esto, por supuesto, no garantizó que Romo ocultara, según denuncian, información delicada sobre su gestión y la de su sustituto.

El Distrito Federal es el gran desconocido. Los capitalinos no saben cómo ocurren las cosas puertas adentro de las delegaciones. ¿Cuánto de lo que dice el delegado Ricardo Monreal es totalmente cierto? Ni idea. Nos quedamos en el chisme. Largas e inútiles nuestras transiciones. Otra oportunidad perdida.

Twitter: @SalCamarena

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