Opinión

Del poder al vacío


 
Dos décadas de poder. 23 años de "Sí, señora".
 
Voluntades, altas voluntades, siempre dispuestas. Cómo no, desde luego, en este instante, y gracias.
 
Filas en la antesala. Allí están otra vez, maestra, un día tras otro. Quiénes. Los que quieren ser ministros, gobernadores, senadores, diputados, alcaldes.
 
Que esperen.
 
Una mueca de desdén.
 
Han desfilado por años. La bendición ansiada o el olvido.
 
Algunos están nerviosos, señora. Uno está arrodillado, otro tiembla. Siete dicen que sólo quieren saludarla.
 
Que esperen.
 
Una bocanada de poder.
 
¿Le toma la llamada, señora? Van cinco veces que habla.
 
Ya veré.
 
Dos décadas de discursos encendidos. La soberbia al servicio de sí misma. A nadie aman los suyos tanto como me aman a mí.
 
Míralos. Solícitos, postrados, ilusionados. Todos quieren una palabra mía.
 
Si usted me hiciera favor, maestra, una llamada suya bastará. Con su respaldo llegaré. Y usted sabe que no me daré por mal servido.
 
Los ojos como agujas, las manos deshojando margaritas: tres no, un sí.
 
El poder se administra. Si no, se quiebra.
 
Las compras y las fotos. Siempre hay quien critica. Viven de eso.
 
¿Y los que protestan, señora?
 
No oigo. La voz de nadie no se escucha.
 
Cabezas y hombros inclinados. El aplauso que no termina.
 
Y el regaño por el teléfono. El gobernador, el senador, el diputado temblando. Una disculpa, señora. Que no vuelva a ocurrir.
 
Aviones y tiendas de luces.
 
Sólo defiendo el derecho de los maestros.
 
Las cuotas que se acumulan. Hay muchos ceros en las cuentas. Protejamos la intimidad de nuestras sumas. Es un derecho sindical. Que nadie asome la nariz.
 
¿Cuántos presidentes van, señora?
 
No importa. Los presidentes van y vienen. Flores de un sexenio.
 
Le llama el secretario, señora.
 
Dile que me hable el presidente.
 
¿Y no está cansada, señora? Tiene usted tanto trabajo.
 
No me canso nunca. Mi energía está al servicio de la causa.
 
¿Cuál causa?
 
Una sonrisa.
 
El tiempo no alcanza. Siempre es poco. Seré vitalicia.
 
El aviso a todos: La señora será vitalicia.
 
¿Para siempre, Luis? Para siempre, José.
 
La eternidad como horizonte.
 
Qué alegría. No hallábamos cómo pedírselo.
 
¿Qué más, señora?
 
Ya les diré.
 
Dos décadas de poder.
 
Y de pronto, el vacío.
 
Operativo en el aeropuerto de Toluca. Policías federales. Militares. Un avión de la Marina en el hangar.
 
Viajeros de salida apenas ven. No saben qué sucede. Suponen algo grande.
 
Dónde están todos. Dónde los incondicionales, los que juraron servirme de por vida, los que decían sí y obedecían.
 
Hice tanto por ellos, y ahora dan la espalda. Desagradecidos y traidores. Dónde están para defenderme.
 
23 años iluminados y ahora la noche larga que no acaba.
 
La oscuridad inmensa.
 
El vacío.