Opinión

Del IMEF para EL FINANCIERO: Transición energética

10 febrero 2014 5:12 Última actualización 12 agosto 2013 5:32

 
 
 
Víctor Manuel González Olivares
 
 
Hace unos años en las altas esferas económicas y políticas se deliberaba respecto del acotado tiempo que restaba al mundo para disponer de los hidrocarburos y sobre el futuro energético que nos depararía, pues el petróleo estaba condenado a su extinción. Se hablaba entonces de la importancia de incursionar en alternativas renovables para sustituir al llamado 'oro negro' y estar listos para responder a las exigencias de los nuevos tiempos.
 
 

Ingenieros mexicanos, especialistas en la materia, daban cuenta de importantes reservas de petróleo y gas en el subsuelo del país, pero también hacían hincapié en la necesidad de contar con la tecnología suficiente para adentrarse en las aguas profundas. Poco se sabía de los recursos no convencionales (gas y aceite de lutitas) que ahora transforman el mapa geopolítico como nunca antes y del fuerte impacto comercial que está causando su irrupción en el mercado mundial de la energía.
 
 
Con este cambio, México no sólo seguirá siendo vecino de la mayor potencia económica en el mundo, sino del 'nuevo Oriente Medio' en el continente americano, toda vez que Estados Unidos está llamado a ocupar el liderazgo global en la industria petrolera.
 
 
En breve será completamente autosuficiente y en menos de una década se convertirá en un importante jugador de las exportaciones de petróleo y gas. En tanto esto sucede, México continúa con el añejo debate sobre cómo hacer llegar la inversión suficiente que permita fortalecer la plataforma de exploración y producción de Pemex, venida a menos en los últimos años ante la falta de acciones que reviertan el declive en la extracción de crudo y a la que se suma una creciente importación de gasolinas.
 
 

La transformación del mapa energético en el mundo brinda interesantes oportunidades de negocio, entre otras, una mayor integración comercial con EU y Canadá para fortalecer la competitividad de la región; pero también exige una transformación en el paradigma de operar la industria petrolera en el país.
 
 

Implica un nuevo pensamiento y no distraer la apertura de un sector con falsos nacionalismos. Sería un error pensar que los precios del petróleo y gas continuarán altos por siempre, máxime cuando se prevé una mayor oferta de los hidrocarburos y persista la necesidad de eficientar la estructura de costos en todas las industrias de transformación para impulsar una sólida recuperación de la actividad económica en el mundo. En México hay plena conciencia sobre la importancia de no frenar la reforma energética, pero sobre todo de replantear la manera en que el Estado financiará su presupuesto, para desanclar las finanzas públicas de la venta de petróleo en el exterior.
 
 
EU ya no podrá ser más el principal destino de nuestras exportaciones petroleras. Una posible reforma energética tiene que considerar soluciones a la simbiosis entre Pemex y el gobierno mexicano y a la encrucijada ideológica sobre la posible asociación de la paraestatal con empresas privadas.
 
 

La eventual apertura del mercado de hidrocarburos en los yacimientos de aguas profundas y pozos no convencionales olvida el tema de garantizar el acceso a la energía para las futuras generaciones.
 
 
Nuestro país puede aprovechar esta coyuntura para transitar al desarrollo de infraestructura de energías más limpias. Más allá de los compromisos en materia de cambio climático, tiene la oportunidad de diseñar esquemas financieros apropiados y vencer resistencias estructurales.
 
 
 

En conclusión, la reforma energética que se concrete deberá incluir a Pemex,  pero no limitarse sólo a la paraestatal. La apertura del sector energético implica que la inversión pública se complemente con la privada y debe darse desde la exploración en aguas profundas hasta la explotación del gas shale, fuente de energía no convencional, pero con gran potencial de desarrollo económico.
 
 

La aprobación de una moderna e integral reforma energética ofrecerá también la oportunidad de desarrollo científico y tecnológico, no sólo económico o financiero. Nuestro país necesita enfrentar un mundo globalizado y para ello debe concretar los cambios que le permitan lograrlo; la reforma energética juega un papel trascendental y preponderante en ello, no lo olvidemos.
 
Presidente nacional del IMEF.
 
presidentenacionalimef@imef.org.mx