Opinión

Del IMEF para EL FINANCIERO: El emprendurismo social: responsabilidad de todos

10 febrero 2014 4:28 Última actualización 07 octubre 2013 5:2

 
Juan Salvador Navarro Estrada
 
 
Ante la coyuntura económica actual que se vive a nivel global, existe un consenso en torno a que la mejor manera para superarla es a través del impulso a los emprendedores, recomendación que respalda la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), al señalar que los emprendedores son parte crucial para trazar nuevos caminos hacia el desarrollo sostenible e incluyente, reconociéndolos como motores del crecimiento, el empleo y la cohesión social, por ello la gran relevancia por consolidar una verdadera cultura del emprendurismo en México, que cuente con bases bien cimentadas en toda la sociedad.
 
 
 Tengamos en cuenta la visión del economista austriaco Joseph Schumpeter, quien definió a los emprendedores como los agentes de cambio que dinamizan y empujan la economía hacia adelante.
 
 
Adicional a las dificultades económicas, hoy también vivimos una problemática social, donde existen mexicanos que se encuentran excluidos, sufriendo nuestra indiferencia y sin esperanza para salir adelante.
 
 
Ante esta realidad, cobra vital importancia una forma de emprendurismo denominado “emprendurismo social”, el cual ayude a aliviar estas dolencias en la población y a revertir la desigualdad.
 
 
¿Pero quiénes son los emprendedores sociales? Son aquellos que no son indiferentes a la pobreza, a la injusticia, a la enfermedad y  a la problemática que los rodea cotidianamente, que no son egoístas, quienes ponen su capacidad y entusiasmo para generar empresas con sentido social que contribuyan a superar la adversidad en la que se encuentran lamentablemente muchos seres humanos. Investigadores señalan que este tipo de emprendimiento tiene como diferencia principal con respecto al emprendimiento tradicional, la generación de una propuesta de valor social antes que una propuesta de valor de mercado.
 
 
Muhammad Yunus es un claro ejemplo de emprendedor social, fundador del Banco Grameen en Bangladesh en 1983, considerado el padre de los microcréditos y ganador del Premio Nobel de economía en 2006 por el impacto alcanzado a través de esta iniciativa, hizo realidad lo que parecía imposible, otorgar préstamos a gente de escasos recursos. El banco desde sus inicios basó su filosofía de servicio en valores como la confianza y la solidaridad. Hoy cuenta con más de ocho millones de clientes, en su mayoría mujeres, localizadas en más de 80 mil comunidades de dicho país y su modelo de negocio ha sido replicado en más de 50 países.
 
 
Ejemplos de este tipo son una gran referencia para que impulsemos el emprendurismo social desde cualquiera de nuestros espacios, pues como concluye la iniciativa Monitor Global de la Actividad Emprendedora en su último reporte para México, la capacidad emprendedora de un país no depende solamente de que existan individuos con motivación y capacidad para iniciar un negocio, sino de la actitud positiva de la sociedad hacia este tipo de actividades. Es cierto que no todos tenemos la vocación para emprender, pero todos podemos colaborar con iniciativas emprendedoras que se traduzcan en beneficios para nuestra comunidad.
 
 
Este tipo de empresas sociales pueden desarrollarse como empresas lucrativas o no lucrativas, bajo modelos de negocios que garanticen su trascendencia a largo plazo, desarrollándose en sectores tan sensibles para la población como educación,  salud, ecología, transporte, campo, vivienda, alimentación, transporte, comunicaciones, finanzas y en general cualquier sector donde se identifique una problemática digna de atender; representando un respiro para quienes hoy se sienten marginados y un avance para mejorar su calidad de vida.
 
 
Sin duda, para realizar dichas iniciativas emprendedoras se requerirá capital económico, capital muchas veces sobredimensionado. No obstante, para superar la falta de éste existen otros dos capitales que ayudarán a solventarlo y que son incluso más importantes, el Capital emocional y el capital humano, el primero representado por la pasión del emprendedor para hacer realidad su iniciativa, y el segundo por la gente que participa y es parte activa de estos proyectos. Dentro de este último tipo de capital debemos incluirnos todos como sociedad.
 
 
Ya lo decía Steve Jobs que “la única manera de hacer un gran trabajo es amando lo que hace”, si seguimos su consejo y todos le metemos corazón a las iniciativas emprendedoras, conseguiremos grandes resultados.