Opinión

Del dicho al hecho

 
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Gabino Cué.

Dicen por ahí que prometer no empobrece. Difiero de la sabiduría popular. Prometer y no cumplir lo prometido, sin duda empobrece el ánimo y merma las expectativas de la gente. Prometer es parte fundamental de todas las campañas políticas. Poco se exige después de las promesas, no es de extrañar que incluso se hagan cosas diametralmente opuestas a lo prometido. Pero existe ahí una contradicción, ¿sobre qué se le puede exigir cuentas a los gobernantes de cualquier nivel si no es sobre sus promesas, sobre los compromisos que adquirieron?

El ánimo electoral está presente y lo estará en los próximos años. Entre las campañas estatales, la de la Constitución de la Ciudad de México, el proceso estadounidense y las campañas que ya se vislumbran para 2018, estamos bombardeados de promesas. Hay promesas que de origen son imposibles de cumplir –y deberíamos darnos cuenta– y otras que son perfectamente realizables y sobre las cuales tendríamos que exigir rendición de cuentas.

El cinco de junio hay elecciones en 12 estados. Al revisar los discursos de toma de protesta de los actuales gobernadores es interesante contrastar las promesas que hicieron con la realidad que dejan en sus estados. Gabino Cué prometió hacer de Oaxaca “un estado modelo en el desarrollo humano y social sustentable”. Cinco años después de ese discurso, Oaxaca tiene a 63.2 por ciento de su población en pobreza, está creando una fracción de los empleos formales que tendría que generar y tiene a 74.6 por ciento de su mercado laboral en la informalidad.

Francisco Olvera Ruíz, actual gobernador de Hidalgo, prometió crear empleo. Incluso uno de sus lemas de campaña fue "Tierra de Trabajo".

En su discurso de toma de protesta dijo “el trabajo es el único camino para un mejor futuro”. En el periodo que lleva su administración los empleos formales creados apenas alcanzan 28 por ciento de los necesarios para darle cabida a la población que se incorpora al mercado laboral.

Hay infinidad de ejemplos. Por supuesto va más allá del ámbito electoral. También se nos prometió que se recortaría el gasto público como medida de responsabilidad fiscal y se nos ha reiterado el compromiso en el combate a la corrupción. Sobra decir que esos discursos no han ido más allá de las palabras.

Todos prometen. En todos lados. Hay promesas verdaderamente geniales.

Nicolás Maduro prometió el año pasado que entregaría al 31 de diciembre un millón de viviendas en Venezuela. La consecuencia que él mismo ofrecía en caso de no cumplir su promesa era de risa: se cortaría el bigote. Ni lo uno, ni lo otro. También prometió que a partir del 6 de diciembre del año pasado (día de elecciones parlamentarias), Venezuela retomaría el crecimiento económico. Hoy Venezuela vive un momento crítico, decreció 5.7 por ciento en 2015 y el país sigue en picada.

Las promesas de Cristina Fernández de Kirchner alcanzaron momentos épicos: se construiría un Hollywood en la Isla Demarchi en Argentina. “Si Dios quería” (una promesa un tanto complicada), regresaría la Fórmula Uno al país, se construiría un tren bala que conectaría las ciudades de Rosario y Córdoba y habría internet gratis para todos. No sucedió ninguna.

Hoy en el país tenemos algunas promesas cuyo cumplimiento deberíamos de monitorear y de exigir. Ya no son promesas de campaña.

Son compromisos. La correcta implementación de las Zonas Económicas Especiales le daría un impulso que mucho necesitan algunas regiones del país. La creación de estas zonas representa una oportunidad para ayudar a que estados como Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Michoacán puedan salir del estancamiento en el que llevan varios años y contribuir a que su mercado laboral, fundamentalmente informal hoy en día, fuera formalizándose poco a poco. La productividad puede aumentar y en consecuencia los salarios. Las dinámicas productivas de la región podrían cambiar en beneficio de sus habitantes. Es indispensable que este proyecto salga bien, podría representar un cambio sustantivo en el crecimiento de la región y en consecuencia del país.

Siempre habrá campañas, siempre habrá promesas. Queda esperar que haya más responsabilidad en quien las hace y más exigencia social en su cumplimiento.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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