Opinión

Del escenario catastrófico al menos catastrófico

 
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Peña Nieto. (Cuartoscuro)

¿Cómo gobernará el presidente Enrique Peña Nieto los 23 meses que le quedan de su sexenio? ¿Podrá gobernar?

Podemos imaginarnos los dos extremos de los escenarios que podrían suscitarse en diciembre 2018. El escenario más favorable para el presidente Enrique Peña Nieto sería que por diferentes razones el deterioro de la economía en el 2017 y 2018 permitiera un crecimiento de 1.5 por ciento y se detuviera la depreciación del peso en 23.00 pesos por dólar, la inflación se mantuviera un poco arriba del 4.5 por ciento, precio del barril del petróleo subiría, pero el precio de la gasolina que compra el ciudadano no incrementaría dramáticamente el resto del sexenio, la condena de dos exgobernadores por actos de corrupción y la extradición de un gobernador con vínculos al crimen organizado, controlar la violencia que ejercen grupos armados y del crimen organizado a los mismos niveles que el sexenio pasado y contener las protestas a cinco estados con un reducido impacto en la economía nacional. Aun en este escenario menos catastrófico, y aunque pudiera el presidente seleccionara un extraordinario candidato para la presidencia, Peña Nieto probablemente no cederá la batuta de mando en diciembre de 2018 a un presidente que sería de descendencia priista. Si bien le va al presidente Peña, los anales de la historia lo recordarán como el mandatario que puso en marcha las urgentes y necesarias reformas que llevaron a México a ser en una década un país con menos pobreza y menos injusticia –de la misma forma en que la historia reconoce a Vicente Fox como el primer presidente de la transición.

La posibilidad de que Peña sea reemplazado por un presidente priista es inconcebible en este momento. A estas alturas este escenario es literalmente una fantasía.

Pero seguramente, ante los eventos de los últimos días, muchos de ustedes considerarán que el escenario catastrófico es mucho más probable de convertirse en realidad.

En este escenario, tenemos un deterioro constante de la seguridad del país que se agrava debido a las protestas masivas en contra del gasolinazo y otras medidas que tendría que tomar el gobierno ante el deterioro de las finanzas públicas. En este escenario inversiones extranjeras están congeladas ante la inestabilidad del futuro del TLC, bloqueos carreteros y saqueos que impactan por lo menos 10 estados del país. El crimen organizado asegura que varios estados del país regresen al hit parade de las regiones más peligrosas del planeta. Crecimiento de menos de 1.0 por ciento, inflación arriba de 6.0 por ciento, dólar cotizando en 25 pesos por dólar y creciente desempleo e informalidad también reinarán. Y para desgracia de los mexicanos desamparados, Estados Unidos dejó de ser la válvula de escape en donde buscar oportunidades y empleo ante un país que se desmorona. Desabasto de energía –gasolina, gas y electricidad– además de víveres, en este escenario catastrófico, es una realidad diaria para un porcentaje de mexicanos. A partir de 2017 la guerra intestina entre los partidos incrementa y es muy pública, debilitando aún más la credibilidad de la clase política. Fuego amigo en el PRI debilita la capacidad del presidente para gobernar, ya que se percibe que las decisiones de él y sus secretarios están relacionadas a ambiciones políticas y no las necesidades de la nación. Al entregar la silla presidencial en diciembre 2018, Enrique Peña Nieto y su equipo cercano enfrentará presiones públicas de que sean investigados. De hecho, el nuevo presidente de México ganará gracias a su plataforma en contra de la corrupción y la promesa de mandar a la cárcel a los corruptos del sexenio anterior –sin importar rango o partido–.
Este escenario catastrófico es posible, pero no tiene que ser una realidad.

En este escenario catastrófico no está considerado algún desastre natural de gran magnitud, magnicidio o la publicación de más información relacionada con corrupción gubernamental que podría debilitar aún más la credibilidad del presidente y su equipo.

Lo que suceda en 2019 dependerá de cómo reaccionan el presidente Peña Nieto y su equipo ante tres factores fundamentales que están definiendo sus últimos dos años de gobierno: el primero tiene que ver con el adelantado proceso electoral de 2018; el segundo es la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos; y el tercero es la inconformidad del gasolinazo y el impacto económico. Y la mitigación del impacto de estos factores dependerá de que el presidente esté rodeado de un extraordinario equipo haciendo decisiones por México y no por su futuro político.

Un poquito de suerte y rezar también ayuda.

Cualquier cosa que aleje a México del precipicio del escenario catastrófico.

Twitter: @Amsalazar

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