Opinión

Del asombro a la indiferencia, de la indignación al olvido

Vale la pena reflexionar sobre el papel de las imágenes, de las redes sociales (los famosos hashtags) y de los medios internacionales en la movilización de las conciencias, especialmente a la luz de los diversos acontecimientos dramáticos que este año han conmovido y unido a la opinión pública, para olvidarse tan pronto como tan intensa fue la indignación que causaron.

En abril pasado, cerca de 300 niñas nigerianas fueron secuestradas del internado en que estudiaban por el grupo extremista sunita Boko Haram (equivalente africano de ISIS), con el objetivo de ser vendidas a redes de explotación sexual o para casarlas con sus militantes. El grupo se opone al derecho de las mujeres a estudiar, por el simple hecho de ser mujeres.

La sociedad civil nigeriana lanzó la campaña #Bringbackourgirls para solicitar el apoyo internacional para la búsqueda y rescate de las niñas, ante la inacción de las autoridades gubernamentales. Michelle Obama se unió a la cruzada, a la que también se sumaron numerosos jefes de Estado y celebridades. Su llamado causó enorme revuelo en redes sociales, pero la atención se desvaneció con gran prontitud. Tras más de seis meses, aún no se sabe nada de ellas, el gobierno nigeriano, tan eficiente en el control del ébola, no ha podido rescatarlas y el asunto prácticamente desapareció de los medios y las redes sociales.

Dos aviones de Malaysia Airlines sufrieron siniestros en circunstancias muy diferentes, pero igualmente difíciles de explicar. Durante días se especuló qué podría haber pasado con los 239 pasajeros del vuelo desaparecido, mientras veíamos las imágenes de sus familiares exigiendo conocer el paradero de sus seres queridos y a numerosos expertos en aviación que especulaban que podría haber pasado. Sin embargo, hasta hoy nadie sabe qué pasó con el avión y de las víctimas no se sabe nada. Del avión que estalló en espacio aéreo ucraniano, en el que fallecieron 298 personas, se desconoce aún si los culpables fueron separatistas ucranianos que lo derribaron con un misil probablemente ruso. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aún investiga que sucedió. Sin embargo, todavía quedan cuerpos por recuperar e identificar, que se mezclan con las víctimas de los enfrentamientos.

Un ferry surcoreano naufragó con más de 460 pasajeros a bordo, de los cuales 300 eran estudiantes de bachillerato. Hubo muy pocos supervivientes. Las imágenes del capitán y la tripulación poniéndose a salvo, sin prestar ayuda a los pasajeros, provocaron escozor en todo el mundo, especialmente en Corea del Sur. Las investigaciones continúan y hay procesos penales en curso, pero la responsabilidad no está plenamente fincada ni hay evidencia de que se estén tomando medidas para evitar que desgracias como ésta vuelvan a ocurrir.

Paradójicamente, las fotografías de Excálibur, el perro de la enfermera española que contrajo ébola y que fue sacrificado como medida sanitaria preventiva, produjeron tal conmoción que parecen haber opacado la tragedia que esa epidemia causa en África Occidental. De acuerdo con New York Times, 390 mil personas suscribieron una petición en línea para salvar la vida del perro, pero una solicitud similar para destinar más recursos a la investigación y el desarrollo de una vacuna sólo alcanzó 150 mil adherentes. Cerca de 4 mil personas han muerto a causa de la enfermedad, sin embargo hasta que las víctimas dejan de ser niños y adultos africanos, los llamados y denuncias a tomar medidas urgentes suben a los medios y la opinión publica muestra su miedo e indignación.

Este año hemos visto una cascada de imágenes dolorosas que reflejan la muerte de centenares de personas desde Palestina hasta Ucrania, pasando por Irak y Siria. En México, hemos atestiguado el drama del “albergue/prisión” de Mamá Rosa y hoy nos enfrentamos al horror de Ayotzinapa. Pero pareciera que la atención pública no puede más que dar saltos de una imagen a otra, olvidando inmediatamente la anterior.

En el mundo de hoy las imágenes se transmiten, conmueven y se desvanecen con la misma facilidad. La rendición de cuentas y la justicia quedan fuera.