Opinión

¿Deja el caso griego alguna lección para México?

 
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Grecia (Reuters)

Lo acontecido en Grecia el domingo pasado es un ejemplo de lo que gobiernos progresistas pueden hacer usando las bondades, que no son muy abundantes, de la democracia en países capitalistas. El gobierno en el poder, encabezado por una mente joven y atrevida, puso a escrutinio público el decidir qué postura política adoptar ante los poderes multilaterales y transnacionales, no sólo de la troika, sino de mucho de lo que representan, directa e indirectamente. Como sabemos, el apoyo al No, no resolvió las dificultades de Grecia ante sus acreedores. Eso está todavía por ventilarse, de alguna manera. Lo que sí decidió es el apoyo a una postura política del gobierno ante quienes han escogido un camino que no afecta tanto al gobierno sino principalmente a la sociedad, que es a quien representa.

Esta experiencia ha resonado en el mundo y muchos analistas se preguntan si ésta no debería, o puede, ser repetida en otros países como un instrumento poderoso para dirimir asuntos de gran calado público. México no es la excepción ante repetidos fracasos del poder público -incluidos los tres- de poder llevar a la sociedad mexicana a mejores estadios de bienestar, en todos los órdenes. ¿Es posible pensar que en México puede llevarse a cabo un ejercicio como el griego para preguntarle a la población si prefiere una u otra alternativa que se han planteado para temas cruciales?

Todos recordamos que cuando el ejecutivo impulsó y logró la reforma energética a través de los procesos legislativos establecidos, personalidades de la oposición y partidos políticos plantearon la necesidad de llevar a cabo una consulta para determinar si se mantenía o derogaban las leyes que, según los impulsores de la consulta, dio paso a la privatización de los recursos petroleros de México. Y como se recordará también, este instrumento de consulta está contemplada en la última reforma política que sirvió de condición de negociación para proceder con la reforma energética.

Es sabido que el tema llegó hasta la Suprema Corte de Justifica que falló en contra de poder llevar a cabo la consulta. Es decir, podemos, según las leyes, preguntarle a la población en momentos importantes, pero no debemos cuando esa consulta no conviene porque se trata de temas metagubernamentales que involucran a fuerzas económicas locales y extranjeras. Es decir, los referéndums, las consultas, son instrumentos legales acotados por intereses políticos y económicos. Ellos no son iguales ante la ley, independientemente de qué asunto se trate. Los jueces opinan y determinan y eso marca la aplicación específica que pueda hacerse de la legalidad.

Pero junto a ese impedimento tal vez haya otro aún más importante. En Grecia antecede a la realización del referéndum una votación que eligió a un gobierno heterodoxo y, sobre todo, antes del ejercicio existía un movimiento social, a favor y en contra de lo que hacía el gobierno ante la troika, que estaba pendiente de los acontecimientos. En México, la sociedad ha estado ausente de las decisiones del poder público y no representa ningún contrapeso real a sus decisiones unilaterales, a espaldas de la sociedad.

Un tema que se pensó era extremadamente importante para la sociedad mexicana, el del petróleo, resultó banal, salvo ciertos grupos de oposición, y de haberse realizado la consulta su orientación estaba muy lejos, ex-ante, de pensarse en contra de la reforma energética y particularmente de la privatización de los recursos petroleros.

A los ordenamientos jurídicos parece necesario que le antecedan movimientos sociales que obliguen a que, por lo menos, las leyes pueden usarse.

Así que aquellos que piensan y tienen esperanza de que en México pudiera repetirse el caso griego para dirimir asuntos torales de la vida pública, tendrán que esperar a varias cosas. Entre ellas a que el movimiento social surja con fuerza y más allá de los partidos políticos. Pero sobre todo que tenga la capacidad de presionar y exigir. En el horizonte eso no se vislumbra. Verdad de Perogrullo pero que es necesario no olvidar: México no es Grecia.

El autor es catedrático de la Facultad de Economía en la UNAM.

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