Opinión

Deficiencias, retos (y absurdos) del sistema de salud

 
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Médico de Guanajuato. Foto: Secretaría de Salud de Guanajuato (SSG).

Como en el caso de la educación, el sistema nacional de salud en México presenta grandes deficiencias y retos para los próximos años. También exhibe absurdos institucionales, acumulados durante años, que impiden una mayor eficiencia y calidad de los servicios, así como incrementar su cobertura. Junto con el campo y las pensiones de varias entidades públicas (empresas, universidades y gobiernos estatales), la reforma integral a los sistemas de salud permanece como uno de los grandes pendientes estructurales.

Recientemente, la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud) presentó un amplio “Diagnóstico de los Retos al Sistema Nacional de Salud Universal” en el que analiza los déficits o brechas actuales y las perspectivas hacia 2030 en diversos aspectos relacionados con la atención de las denominadas enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) como cáncer cérvicouterino y de mama, hipertensión, diabetes y obesidad, entre otras. Funsalud apunta que el rezago actual en la oferta de servicios (consultas/persona/año) para esas enfermedades es de 34 por ciento, comparado con el promedio de los países de la OCDE, y podría alcanzar 48 por ciento en 2030; el de egresos de unidades hospitalarias de 83 por ciento (7.53 millones al año, en contraste con 13.8 millones requeridos y que podrían elevarse a 19.9 millones dentro de 15 años); el déficit de médicos asciende a 59 por ciento (hay 278 mil y se requieren 442 mil, cifra que se incrementará a 748 mil en 2030); y el de camas hospitalarias a 86 por ciento, lo que requeriría mil 950 hospitales generales adicionales a los existentes y 360 de especialidad (para 2030 los requerimientos serán de dos mil 400 y 445, respectivamente). Lo anterior se traduce en que la cobertura actual de intervenciones de las ECNT sea de sólo 28 por ciento y de 56 por ciento en las necesidades totales.

Como señala Funsalud, para cerrar esas brechas y mejorar la cobertura de atención y la calidad de los servicios se requeriría incrementar la inversión pública y privada en 7.5 veces los niveles actuales. Además, sería necesario aumentar la eficiencia en la dotación de servicios, realizar compras estratégicas de servicios (por ejemplo, de medicamentos) e introducir “mecanismos de mercado” para otorgar incentivos a las inversiones (como subrogaciones y asociaciones público-privadas).

No hay duda de que esas acciones tendrían que formar parte de una reforma institucional de fondo del sistema de salud. Sin embargo, en mucho ayudaría eliminar varios de los “absurdos” de nuestro sistema de salud. A pesar del déficit de camas hospitalarias, y como ha documentado el periódico El Universal en las últimas semanas, existen por todo el país hospitales y clínicas a medio construir; construidos pero no equipados; o, peor aún, construidos, equipados y sin personal que los atienda y/o sin medicamentos adecuados. En este ámbito, en los últimos años se han realizado esfuerzos para compras consolidadas de medicinas (IMSS, ISSSTE, Pemex y otras dependencias federales), pero es increíble que sólo participen 16 entidades federativas en el esquema, cuando se trata de recursos que aporta el gobierno federal.

Otro absurdo es la selección y preparación de médicos. Este año presentaron el famoso Examen Nacional para Aspirantes a Residencias Médicas cerca de 40 mil médicos para realizar su especialidad para los que sólo hubo tres mil 967 plazas (menos de 10 por ciento), cuando según Funsalud el déficit es de 165 mil médicos. ¿Alguien podría explicar esa lógica?

¿Es por falta de vacantes disponibles cuando hay hospitales vacíos, sin médicos? Otro tema es que las residencias se realizan con turnos de 36-40 horas por jornada, práctica que se ha eliminado en casi todos los países desarrollados y que naturalmente afecta la productividad. ¡Ojalá no lo atienda un médico residente en su última hora laboral!`

Sería fundamental realizar cambios estructurales en el sistema de salud, pero pareciera que hay muchas áreas de mejora, que no se atienden por inercias y bajo el principio “si yo me fregué, que se friegue el que sigue”.

Twitter: @ruizfunes

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