Opinión

Defenderse

 
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Mecanismo de defensa. (desqbre.wordpress.com)

Anna Freud escribió El yo y los mecanismos de defensa, que fue publicado en español en 1960. En él condensó y puntualizó la idea de Sigmund, su padre, sobre la necesidad de la mente humana de defenderse de los aspectos insoportables de uno mismo y de los otros.

Quizá uno de los procesos que mejor explican nuestra forma de relacionarnos con el mundo es la escisión. Gracias a ella, dividimos al mundo en bueno y malo, sin tener la molesta necesidad de mezclar las cosas. Es mucho más fácil lidiar con una realidad fragmentada.

El proceso opuesto es la capacidad para el pensamiento complejo; para la inclusión de realidades contradictorias sobre un mismo asunto, que podemos ser nosotros, los otros o cualquier otro asunto del mundo.

La escisión permite idealizar todo lo que sea nuestro. Nuestro yo, nuestras elecciones, nuestras relaciones, nuestra familia. Todo lo mío queda protegido por el halo de la perfección. Y todo lo malo está fuera de mí y de los míos. Muchos viven así: incapaces de autocrítica, depositan afuera la maldad y la imperfección. El mecanismo de la idealización puede volvernos narcisistas insoportables, incapaces de reconocer fallas personales o también puede derivar en personalidades fronterizas, que con la misma fuerza con que aman (idealizan), devalúan (odian). Las personas con rasgos fronterizos viven en un mundo de constante idealización-devaluación, por lo que encuentran muy complicado alcanzar un grado aceptable de estabilidad emocional. Viven abandonando o temiendo que los abandonen. Aman objetos ideales y cuando éstos muestran sus limitaciones, los destruyen como objetos de amor y los convierten en objetos devaluados incluso dignos de ser odiados.

No hace falta ser fronterizo para fluctuar entre estas dos formas de relación. Hemos pensado que somos fantásticos a veces y también nos hemos sentido lo peor de lo peor; un fraude, un engaño, incapaces de lograr nada valioso, temerosos de que los otros descubran la farsa.

Alguien que piensa mal de sí mismo tiende a pensar en el mismo sentido de los demás y por eso no cree que nadie pueda ayudarle.

El yo ideal vive dentro de todos nosotros y está formado de las imágenes ideales de lo que quisiéramos llegar a ser: ricos, famosos, hermosos, brillantes, amados, admirados, temidos, poderosos, recordados.

El sentido de trascendencia está relacionado con el yo ideal, cuando nos preguntamos si nuestra vida tiene relevancia.

Quizá la mayor complicación para la vida diaria, es ser incapaces de armonizar el yo ideal de nuestra infancia con la realidad de nuestro yo, lleno de blancos y negros. El yo real es con el que trabajamos, somos padres, amigos y pareja. Es un yo defectuoso, limitado, capaz de algunas cosas, incapaz de otras y necesita la ayuda de los demás.

Prescinde de la escisión y es con el que podemos vincularnos profundamente, sin necesidad de aparentar perfección y sin ocultar nuestras limitaciones.

La escisión a veces es necesaria para sobrevivir, para poder amar a pesar de los duelos, para poder trabajar aunque se nos haya roto el corazón, para ser buenos padres a pesar de nuestra personalidad colérica. La escisión puede permitirnos funcionar en planos distintos como si fuéramos distintas personas; y aunque a veces es un mecanismo indispensable, convertirlo en un estilo de vida, compromete nuestra integridad, nuestra capacidad para sentirnos auténticos, transparentes y orgullosos de lo somos y de lo que no.

La capacidad de ver claroscuros es una de las habilidades humanas más importantes para crecer, para desarrollarse, para amar más y mejor, para superar dificultades y para vencer nuestras debilidades, sabiendo que nunca superamos nada del todo y para siempre.

Twitter:@valevillag

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