Opinión

Decisiones inamovibles en una Constitución para el D.F

De cara a las elecciones locales del próximo año en el Distrito Federal y también a la tan anunciada reforma política de la capital se comienza a vislumbrar la necesidad de definir desde ahora la pertinencia de contar con un congreso constituyente para la conformación de la constitución local, que no esté conformado por los mismos diputados a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. En términos de política constitucional, los congresos constituyentes son casi siempre diversos de aquellos congresos ya en funciones, fórmula que se ha repetido en todo el mundo y, sin embargo no se trata de una regla de aplicación obligatoria. En este sentido, la diatriba entre el PRD y los demás partidos que actualmente son minoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, es que mientras que los del sol azteca pretenden que no exista un congreso constituyente diferente del que ya existe –entendiendo como tal a la asamblea legislativa- los demás partidos políticos consideran que lo más ortodoxo sería llevar a cabo la elección de un nuevo congreso constituyente. Independientemente de las razones de unos y otros, el trasfondo verdadero no es un asunto menor: se trata de controlar al constituyente de manera que se haga una constitución de la Ciudad de México según los intereses y visión de cada uno de estos grupos políticos. Esto, que siempre es lo que sucede cuando los “factores reales de poder” –en palabras de Ferdinand Lasalle- alcanzan una capacidad de influencia tal que son incluidos en el texto constitucional como un reconocimiento a su poder, puede ser contraproducente en el caso del Distrito Federal. Es importante que el texto constitucional encuadre dentro de su texto, cuestiones elementales que han hecho de la Ciudad de México una verdadera metrópoli de avanzada en materia de igualdad y libertades sociales y que, de alguna manera es lo que da identidad al D.F. Figuras jurídicas tales como el aborto; el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción por ellos; la ley de voluntad anticipada y el creciente interés por la protección de los animales mediante reformas penales y de establecimientos mercantiles, han permitido que la Ciudad de México sea un lugar de más libertades que el resto de los estados de la república. A nadie escapa que en diversos estados de la república, el PAN –en muchos casos con la complicidad del PRI- han llevado a los textos fundamentales locales, normas que harían impensable cualquiera de dichos avances de los que se gozan hoy en la capital de la república. Es menester vigilar que la reforma política del D.F., y la constitución que sobrevendrá a la misma, no se conviertan en un pretexto para un avance del fundamentalismo conservador que eche por la borda las libertades de que se gozan en esta entidad. Es por ello que el debate sobre la pertinencia o no de un constituyente diferenciado del constituido no debe agotarse solamente en la elección o designación por parte de los partidos políticos de sus diputados responsables de la redacción de la norma fundamental local, sino que debe existir una consulta ciudadana sobre lo que queremos se grabe en piedra para nuestra ciudad. Se me ocurre que habrá una gran mayoría que tendrá la inclinación de que nuestras libertades locales se garanticen a nivel constitucional. Y ya entrados en gastos, sería una gran idea que en la constitución que se haga para el Distrito Federal, se reconozcan ciertos derechos a los animales lo que haría de nuestra capital, una ciudad de vanguardia no sólo en el país, sino a nivel mundial. Ojalá que no se quede todo en la discusión política ni en los amarres entre poderosos.