Opinión

Decisiones costosas

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Manifestación pensionados ISSSTE. (Archivo/Cuartoscuro)

Ayer le comentaba la tragedia de las pensiones en las instituciones de educación superior. No se trata de un caso aislado, como ahora está de moda decir, sino de un problema estructural. Según nota que circuló este lunes, en 2014 el gobierno tuvo que erogar poco más de 500 mil millones de pesos en este rubro. Y como prácticamente nunca se guardó dinero para eso, ese gasto se financia de impuestos. También leía el lunes (a Sergio Sarmiento) que el costo de las pensiones en Pemex equivale ya a 50 por ciento de la nómina: 90 mil millones para los que trabajan y prácticamente 45 mil para los pensionados.

La diferencia entre las pensiones para quienes trabajan para el gobierno y quienes lo hacen en la iniciativa privada no es menor. En promedio, las pensiones del ISSSTE son del doble de las del IMSS, y las de las empresas de gobierno pueden ser diez o 15 veces mayores. Regreso con esto a un tema que hemos tocado en otras ocasiones: en este siglo, prácticamente el único lugar en donde los sindicatos tienen fuerza es en el gobierno. No sólo en México.

Desde inicios de los años ochenta, la generación de empleos industriales se hizo más difícil, pero esto no ocurrió en los servicios. De éstos, los que más personal ocupan (educación, salud, administración pública) son del gobierno, de forma que se combinaron tres fenómenos: el cambio demográfico productivo, la dificultad de medir la productividad en los servicios, y la gran diferencia entre la permanencia de los líderes sindicales frente a la de los funcionarios. El resultado es que los sindicatos mandan, los gobiernos obedecen y usted paga.

La decisión de crear una plaza en cualquier lugar del gobierno es una decisión que se pagará durante décadas. Una vez creada, es muy difícil desaparecerla, y quien la ocupa no sólo cobra por ello, sino que se hace merecedor a una pensión. En casos extremos, como los que ocurrían en el SME, una persona podía pensionarse a los 25 años de trabajar, con poco más de 40 de edad, y recibir como pensión más de lo que cobraba como sueldo, y con todos los aumentos que fueran ocurriendo.

Este tipo de privilegios sólo puede ocurrir en el gobierno, de manera masiva, y provoca que se haga cada vez más difícil generar empleos. Cuestan tanto, que mejor no se contrata, o se hace de forma irregular. Así, el privilegio del sindicalizado es la tragedia del informal, eventual, o como guste llamarlo. Pero como la razón de ser de la izquierda política ha sido defender a los trabajadores, los sindicatos aprendieron a utilizar a los partidos de este lado del espectro no sólo para mantener sus privilegios, sino para construir la narrativa del “neoliberalismo” que al día de hoy les sigue funcionando.

Ocurre entonces que esa izquierda defiende los privilegios de los sindicalizados del gobierno, provocando con ello informalidad, que después usará como “carne de votos”. El fenómeno no es sólo de México.

Es muy probable que el sindicalismo haya sido de gran provecho durante el siglo XX, pero ahora ya no lo es. Hoy es cuna de privilegios y origen de informalidad. En el extremo, es fuente de violencia en la defensa de privilegios, como muestran Oaxaca y Guerrero. Conviene entenderlo.

Twitter: @macariomx

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