Opinión

Decadencia y riesgo

    
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Casa Blanca

El caos en la Casa Blanca y la ruptura entre el presidente Trump y el Partido Republicano son muy malas noticias para el mundo. La llegada de Trump a la presidencia ya era una pésima noticia, pero el que ahora esté suelto es algo mucho peor.

En principio no hay nada que limite ya la vulgaridad en la Casa Blanca. Habrá quien piense que eso no importa, pero la relevancia de los modelos (role models, le dicen allá) creo que está fuera de toda duda. Si la máxima autoridad de un país, el monarca civil imaginado por los padres fundadores de Estados Unidos, es un patán rodeado por otros similares a él, que sólo pueden ver las relaciones humanas como una guerra, a la sociedad como una fuente de riqueza y al gobierno como la cúspide del narcicismo, la decadencia no podrá impedirse.

En América Latina construimos una caricatura de Estados Unidos para poder imaginarlo como un gran enemigo. Bueno, pues la caricatura se ha vuelto realidad. Si queríamos ver en ese país únicamente soberbia, codicia y vanidad, ya lo tenemos. Ahora viene entender lo que eso significa que, con excepciones importantes, no tiene nada que ver con los doscientos años previos.

Indudablemente, el efecto más relevante en el largo plazo sería la decadencia de la democracia estadounidense. No es posible saber si ese proceso es todavía reversible, o cuánto margen queda aún para retirar a Trump y secuaces del poder, antes de que ya no lo sea. Tampoco es claro si la caricatura, más que destruir, provoque reacciones constructivas, como algunos creen ver en Europa ya desde ahora. Yo no lo veo, en ninguna parte.

Para México, lo más importante es cómo lidiar con Estados Unidos. Ya de por sí el país más poderoso, en todos sentidos, no ha sido un vecino sencillo. Con el caos actual, los riesgos crecen. Es cierto que la propuesta de renegociación del TLCAN no preocupa, pero ahora ya no podemos estar seguros de que Ejecutivo y Senado de ese país tengan una idea común. Ni siquiera es creíble que Trump respalde lo que envió al Senado hace unos meses. Los desplantes contra los mexicanos en Estados Unidos, mientras tanto, empeoran.

Finalmente, hay un riesgo no menor de una confrontación global. China sigue presionando a sus vecinos (desde India hasta Japón, pasando por Vietnam). Corea del Norte sigue probando misiles, que ahora anuncia puede lanzar contra la porción continental de Estados Unidos, y con un poco de mal tino, a Tijuana. Rusia responde a las sanciones que el Congreso estadounidense ha incrementado en su contra. El desequilibrio entre sunitas y chiitas en Medio Oriente crece. Cualquiera de esas situaciones críticas, en condiciones normales, debería considerarse un riesgo para la paz global. Con el caos de Trump en la Casa Blanca, la imaginación no nos alcanza.

Ahora bien, aunque Trump y quienes lo rodean hayan hecho evidente la crisis, creo que no son su causa. Sigo pensando que estamos viviendo un proceso de transición entre dos etapas, cuya base es la manera en que los humanos nos comunicamos. No creo que haya duda de que el siglo de los medios masivos (que también fue de la producción y democracia masivas) fue el siglo de Estados Unidos. Pero el arreglo institucional y productivo es insostenible bajo una nueva plataforma de comunicación: las redes. El desequilibrio abre el espacio a fenómenos como el que Trump representa. En la ocasión anterior que hubo una transición similar, vivimos el auge del totalitarismo, en sus versiones fascista y comunista: dos grandes guerras, muchas pequeñas y una fría.

El nombramiento de John Kelly como jefe de la Casa Blanca da alguna esperanza, pero nada más. El riesgo es grande.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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