Opinión

Debilitar a México vulnera a Estados Unidos

 
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En una reciente visita a Chicago, una urbe que ve al futuro y no al pasado, tuve la oportunidad de platicar con algunos amigos sobre las contradicciones y la 'realidad alternativa' que difunde la nueva administración de su país en torno a México.

En la ciudad que alberga a la Universidad de Chicago, en la que el economista Milton Friedman escribió su libro Free to Choose, recordé los planteamientos de este texto de especial relevancia en la actualidad.

La obra de Friedman claramente explica por qué la libertad de elegir es indispensable para el progreso y cómo la intervención del gobierno en la economía conduce, inevitablemente, a menores estándares de vida y a una distribución ineficiente de los recursos.

Paradójicamente, muchos de quienes antes se pronunciaban a favor de la libertad individual hoy demandan la intervención del gobierno para 'retornar los empleos perdidos'. Esta demanda absurda se basa en cierta medida en la falacia de que “México se ha llevado gran parte de estos empleos”.

Lo cierto es que la mayoría de los 'empleos perdidos' poco tienen que ver con México y jamás retornarán. Las políticas intervencionistas lejos de resolver este problema lo harán más grave.

Precisamente en Chicago, se puede encontrar un claro ejemplo de las causas que generan la desaparición de empleos en algunas regiones de Estados Unidos y que son totalmente ajenas a México, puesto que se relacionan con el avance tecnológico, la globalización y las cambiantes preferencias del consumidor, entre otros factores que están fuera del control de cualquier gobierno.

Me refiero a una muy respetable organización: Sears.

Durante gran parte del siglo XX esta gran compañía fue un icono del progreso, siempre presente en todos los aspectos de la vida cotidiana de las familias estadounidenses. Comenzó en 1886 como un negocio de ventas por catálogo y fue capaz de evolucionar y convertirse en una exitosa tienda departamental.

Sin embargo, al llegar este siglo, Sears no pudo resolver exitosamente el dilema de 'renovarse o morir' y enfrentó un rival formidable en otro ícono del comercio en Estados Unidos: Amazon.

Así que, ¿cómo se pueden 'recuperar' los empleos que Sears perdió por la competencia en su mismo país? O ¿cómo se puede hacer a Sears 'grande de nuevo' frente a los retos que le plantea Amazon y otros gigantes del comercio electrónico?

La realidad es que esto es imposible e indeseable: para recuperar unos cuantos miles de empleos en Sears, millones de consumidores tendrían que pagar un costo inaceptable en términos de precio y calidad de vida.

Exactamente lo mismo puede decirse de firmas representativas de otras industrias como US Steel, algunos fabricantes de automóviles y muchas más empresas que han sucumbido al cambio tecnológico, la competencia global y la búsqueda interminable por mejorar el bienestar de las familias. Se dice que el Valle del Silicio ha derribado más industrias que cualquier tratado comercial, pero no es políticamente rentable atacar a este símbolo mundial del progreso.

Ya escribí de este fenómeno anteriormente. Recordemos que Matt Ridley aborda la hipótesis conocida entre la comunidad científica como La Reina Roja, según la cual, en biología, una adaptación continua es necesaria para que una especie se mantenga en forma respecto al entorno con el cual coevoluciona.

En palabras que nos resultan familiares: la mejora continua permite a las diferentes especies de seres vivos u organizaciones mantener el equilibrio con su entorno, que también está evolucionando, con lo cual al final es muy difícil que una especie obtenga un beneficio especial porque todas se encuentran en constante transformación. Lo mismo aplica para las empresas y las industrias —y no hay gobierno capaz de evitar esta poderosa realidad.

Debemos decirlo claramente: las políticas públicas que impiden la libre elección y el comercio internacional sólo han ocasionado un gran declive en los niveles de vida de la gente, como claramente ocurre hoy en Venezuela.

LA DEMENCIA EN TORNO A MÉXICO
Parte del discurso populista, que ignora fuerzas que están más allá del control de cualquier gobierno, atribuye la pérdida de empleo al comercio con México, sin tomar en cuenta los beneficios que nuestro intercambio ha representado para mejorar la vida de millones de consumidores y crear empleo en miles de industrias en Estados Unidos.

Si las amenazas de Trump contra México se cumplieran, algo que es cada vez menos probable, un empobrecido y aislado vecino al sur del río Bravo sería un riesgo para Estados Unidos, por infinidad de motivos. Consideremos algunos:

(1) Se provocaría el desplazamiento hacia el norte de millones de personas, quienes siempre encontrarían la forma de llegar a Estados Unidos, independientemente de un muro que probablemente no será construido.

(2) Se pondría en riesgo la inversión directa de grandes corporativos como Walmart, Hyatt, Marriott, Ford, McDonald’s, General Motors, AT&T y muchas más, empresas que han confiado cientos de miles de millones de dólares de recursos en nuestro país.

(3) Las exportaciones de Estados Unidos a México, que en 2016 sumaron 230 mil millones de dólares en productos tan diversos como maíz, carne, gasolina y muchas otras, colapsarían.

(4) Un país débil sería incapaz de cooperar con Estados Unidos para garantizar su seguridad —sin mencionar la fallida guerra contra las drogas.

(5) Presiones recesivas y desempleo podrían llevar al poder a un régimen abiertamente antiyanqui que termine de cercenar una exitosa asociación entre nuestros dos países.

(6) Todo lo anterior obligaría a México a acercarse a la esfera de otras potencias rivales de Estados Unidos.

Curiosamente, días después de mi visita a Estados Unidos leí un interesante artículo en la revista The Atlantic, que aborda algunos de estos puntos y destaca cómo la estrecha colaboración con México lo sitúa como un socio estratégico fundamental. Si algo podemos agradecer al señor Trump es que su campaña contra nuestro país ha dejado muy en claro que la relación con México es única y es una de las más importantes para Estados Unidos a nivel mundial.

En los últimos meses hemos visto que México tiene infinidad de amigos en Estados Unidos. Ninguno de ellos tiene duda sobre los beneficios de una estrecha asociación. Pero las cosas podrían cambiar.

Por ello debemos pedir a nuestros familiares, amigos, socios y aliados en ese país que expresen ante sus representantes la importancia de la relación con México —veo que muchos que votaron por Trump hoy se dan cuenta de la importancia de nuestro país para su subsistencia.

Durante poco más de dos décadas, México y Estados Unidos se han beneficiado de una sólida asociación. Lejos de romperla, debemos esforzarnos por hacerla más fuerte. El bienestar de cientos de millones de personas depende de ello.

El autor es fundador de Grupo Salinas.

Twitter: @RicardoBSalinas

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