Opinión

¿Debería ganar más?


 
Estoy seguro de que la mayoría de los mortales nos hemos preguntado si nuestros ingresos debieran ser mayores. Por muy altas que sean las percepciones, en general, las personas tienden a sentirse subvaluadas en su salario.
 
Esto abarca desde quien se encuentra desempleado y busca, al menos, ganar lo que recibía antes hasta altos ejecutivos, que se sienten incomprendidos en términos de sus emolumentos.
 
Hay 3 perspectivas a tomar en cuenta para responder a esta pregunta: por una parte, está el hecho de que la percepción es insuficiente para cubrir los requerimientos del gasto corriente; una segunda posibilidad estaría en función de lo que uno piensa es 'justo' y, la tercera, el valor otorgado por el mercado, en relación con la oferta y la demanda laboral.
 
Si pensamos en el primer marco de referencia, la solución está en el presupuesto familiar y lo conveniente es ceñirse a la situación económica real. Todo proceso de planeación inicia de esa manera, incluso en los grandes corporativos.
 
Primero determinan los ingresos y luego deciden en qué gastarlos; si operamos a la inversa, siempre estaremos sobregirados.
 
En el segundo enfoque, de lo que se considera 'justo' percibir, es muy subjetivo y dependerá de la evaluación de la compañía, del jefe y de las circunstancias financieras que prevalecen en el centro de trabajo.
 
El reto es justificar en términos de productividad un posible aumento, siempre y cuando la actividad a realizar no sea fácilmente llevada a cabo por otra persona dispuesta a ganar menos.
 
El tercer enfoque es el relevante, pues determina los niveles salariales que van más allá de la 'justicia'; depende de las condiciones de la oferta y la demanda de una determinada actividad, tomando en cuenta factores como la edad, la preparación, la experiencia y el costo de vida de la ciudad.
 
Estos mismos elementos le servirán para ponderar las pretensiones y pueden ayudar también como argumento para buscar un alza o identificar áreas de oportunidad para alcanzar las metas. Por ejemplo, definir qué especialidad le podría generar mejores ingresos y, por tanto, prepararse.
 
Cuando se analizan los salarios es fundamental tener un enfoque de mercado, que finalmente es el importante. Hay algunos estudios detallados de cámaras empresariales y compañías especializadas, en donde se establecen ciertos tabuladores; en la medida en que tenga acceso a ello le sería muy útil.
 
La otra es buscar trabajo discretamente y darse cuenta de qué tan valorado está su actividad. Este ejercicio lo podrá centrar en cuanto a sus expectativas de justicia laboral. Las circunstancias cuentan y es diferente una economía boyante a una en recesión.
 
Pregunta difícil entre colegas, pero en la medida en que se pueda tener esa referencia es valioso, aunque no es comparable estrictamente.
 
La pregunta sobre los ingresos es válida en términos de finanzas personales y a juicio de este columnista, debería de ser una preocupación para los universitarios.
 
Incluir en su vocación este factor evitaría darse cuenta, después de destinar 5 años de sus estudios, que no le ofrecen el salario anhelado.
 
De seguimiento...
 
Una parte sustancial de las finanzas personales ronda sobre el tema de cuáles son las mejores decisiones. La pregunta es cómo lo hacemos, por qué compramos un determinado producto o tomamos riesgo en alguna inversión; pues bien, ahora las investigaciones se dirigen al terreno neurológico que tiene relación con el estudio del cerebro.
 
Para entender este nuevo enfoque, les recomiendo un libro que por su sencillez y comprensión vale la pena leer, se trata de Neuropirámide, base del neuromarketing, de Jaime Romano, editorial LID. El investigador presenta en este material desde el funcionamiento básico del cerebro y el manejo de las emociones hasta cómo la mercadotecnia influye en nuestras compras.
 
Entre Mortales...
 
Un lector comenta: "Siento que me bombardean con opciones de crédito, ¿cuál sería una forma de saber si vale la pena endeudarse?"
 
Insisto, en la medida en que no se endeude para gasto corriente es lo mejor; sin embargo, le propongo las siguientes preguntas, que sirven para decidir:
 
A) ¿Requiero realmente hacer esa compra?
 
B) ¿Puedo esperar para ahorrar y comprarlo, sin endeudarme?
 
C) ¿El costo del crédito es razonable?
 
D) ¿Tengo capacidad para endeudarme? ¿Puedo pagar el crédito?
 
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